16 oct. 2013

EL REINADO DE FERNANDO VI (II)

Como testimonio de la protección dispensada por Fernando VI a las ciencias y a las letras, quedan la Academia de Bellas Artes o de San Fernando, el Jardín Botánico y otros centros análogos de la ilustración, entre ellos el Colegio de Medicina de Cádiz.
El Colegio de Medicina de Cádiz fue fundado por iniciativa del marqués de la Ensenada con el fin de dotar a la Armada española de un buen cuerpo de sanitarios.  Al frente de dicha Escuela, puso al doctor don Pedro Virgili, reformador de la cirugía, cirujano eminentísimo y médico de Cámara, uno de los más admirados de la época.
Fernando VI terminó en Madrid el nuevo Palacio Real, comenzado por Felipe V, y llevó a cabo grandes reformas urbanas.  Entre ellas se cuenta la primera empresa de coches de alquiler, que fue establecida por Simón González.  Debido a ello se dio a tales vehículos el nombre de Simones.
Por la gestión del marqués de la Ensenada, que llevó su actividad e inteligencia a todos los ramos de la administración pública, se celebró en Roma un Concordato, mediante el que se deslindaron y fijaron las facultades espirituales y civiles, estableciéndose que los Breves y Bulas del Papa necesitaban la sanción real.  También se otorgó a la Corona el nombramiento o presentación a los beneficios eclesiásticos.
Poco después tuvo lugar la declaración del marqués de la Ensenada.  El destierro a Granada fue celebrado en Londres con fiesta y regocijo y el embajador inglés escribió a su Gobierno: "ya no se construirán más buques".
Desgraciadamente, el reinado pacífico de Fernando VI duró muy poco.  El 10 de agosto de 1759, a los 46 años de edad, fallecía de "melancolía", con accesos de locura.  La hipocondria que padecía se acentuó al fallecimiento de su esposa, doña Bárbara de Braganza, que poseía felices disposiciones musicales, habiendo compuesto incluso obras notables para el canto.
Encerrado en su palacio, sin querer recibir a nadie, permanecía encogido e inmóvil, hablando solo, sin dormir ni apenas comer y sin cambiarse de ropa.  De forma que, cuando muró, era ya un esqueleto lleno de suciedad y miseria.
El único que logró, en parte, disipar su melancolía en los últimos tiempos fue el músico Carlos Broschi, llamado Farinelli.  Había nacido en Nápoles en 1705 y llegado a España como agregado al servicio de los reyes Felipe V y Fernando VI, consiguiendo gran relevancia en la corte.
En trece años de paz Fernando VI llevó a la Hacienda Pública a una prosperidad sin precedentes en la historia de España.  El tesoro guardaba reservas superiores a doscientos millones, después de haber gastado sumas considerables en crear prosperidad en vez de destruirla con armas y uniformes.
La reina Bárbara de Braganza construyó las Salesas, destinada a educar a las niñas de familias nobles, por monjas italianas traídas del Instituto San Francisco de Sales.  Dicha institución quedó terminada poco antes de su muerte.  En las Salesas fueron sepultados los reyes Fernando VI y su esposa, unidos en la muerte lo mismo que estuvieron en la vida.
Los admiradores del intachable monarca Fernando VI, primo por cierto del libertino Luis XV, el de las bellas queridas, hicieron inscribir este epitafio largo de mediocre inspiración:

"Yace aquí el rey Fernando VI, óptimo príncipe que murió sin hijos pero con numerosa prole de virtudes patrias."

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