29 oct. 2013

EL MOTÍN DE ARANJUEZ

Tras el desastre de Trafalgar, Napoleón, con el pretexto de invadir Portugal por ser aliado de Inglaterra, ocupó toda la Península.  Al mismo tiempo un cuerpo del ejército español, acaudillado por el marqués de la Romana era enviado como auxiliar de los franceses a combatir en la Pomerania y Suecia; pero cuando la corona de España fue entregada a José Bonaparte, de la Romana se negó a continuar bajo las órdenes de  Francia y encontró el modo de regresar a España, donde combatió a los franceses.
La corte, asustada al ver ya los claros planes napoleónicos, en los que hasta entonces no descubrieron peligro alguno, determinó embarcarse hacia las posesiones de América.  El pueblo, en cambio, receló desde el primer momento que la independencia española estaba amenazada, y expresó su desconfianza en multitud de composiciones satíricas.
Los reyes, la corte y el gobierno salieron de la capital estableciéndose en Aranjuez, con ánimo de dirigirse hacia Andalucía y dispuestos a embarcar si era preciso.  Pero en Aranjuez estalló un gran motín contra el ministro Godoy, cuya residencia fue asaltada.
Entonces, el rey Carlos IV abdicó la corona en su hijo Fernando VII, y marchó con su esposa y con Godoy camino de Bayona, donde les reclamaba Napoleón para dirimir como árbitro de sus discordias, pues el rey declaró nula su abdicación, por haber sido forzada.
Fernando VII volvió a Madrid, donde fue recibido con entusiasmo por el pueblo, pero a los pocos días se trasladaba a Vitoria para recibir a Bonaparte, quien anunciaba su visita a España, y de aquí a Bayona, donde abdicó la corona de su padre, quien a su vez renunció a sus derechos, cediéndola a Napoleón, que de esta manera dispuso del trono español en beneficio de su hermano José.
Podemos decir que el reinado de Carlos IV termina aquí, pues ni recuperó su trono ni volvió a España. Tremenda fue su responsabilidad por consentir el gobierno de un favorito que trajo a España la invasión francesa y no pocas perturbaciones.  Sin embargo, desde otro punto de vista, la imparcialidad histórica recomienda admitir que cuando tuvo lugar la administración de Godoy se dictaron en pro de los intereses materiales y de la cultura general medidas tan acertadas como en los anteriores reinados.

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