4 oct. 2013

CARLOS II: EL REY CONTRAHECHO

A la muerte de Felipe IV le sucedió en el trono de España su hijo Carlos II (1665-1700), de sólo cuatro años de edad, bajo la regencia desu madre, la reina Mariana de Austria, segunda esposa del anterior monarca, que puso las riendas del gobierno en manos de su confesor, el jesuita Juan Everardo Nithard.
El nuevo rey, último vástago de la dinastía austríaca, era un niño enfermizo y débil, un engendro degenerado por la consanguinidad reproductiva entre los parientes, pues doña Mariana de Austria era sobrina de su esposo, Felipe IV.
Carlos II, cuya lactancia duró cuatro años, se crió raquítico y su crecimiento fue incompleto.  Tenía un aspecto lamentable con su largo rostro y sus escasos cabellos rubios, que le cayeron muy pronto, y una extraña cabeza desproporcionada que coronaba un cuerpo sostenido sobre unas piernas excesivamente delgadas y acompañado por unos brazos extraordinariamente largos.
A pesar de su figura, Carlos II tenía en su continente cierta dignidad y altivez muy españolas.  A los nueve años no sabía leer ni escribir, cosa que se atribuyó al descuido de su preceptor Ramos del Manzano ya que se suponía al niño rey, muy popular y querido del pueblo, gran inteligencia, por ciertas muestras de viveza propia de los hombres de sus características físicas y de salud.
Pronto se levantó contra el nuevo valido un fuerte partido en la corte, acaudillado por don Juan de Austria, hijo natural de Felipe IV, consiguiendo en 1669 que el jesuita Nithard fuera expulsado de España.
Felipe IV había tenido el bastardo Juan José de una cómica llamada María Calderón y vulgarmente llamada "La Calderona", muy célebre en su tiempo (recordemos la afición del monarca al teatro).  Dicho hijo nació en 1629 y murió en 1679.  La sátira clandestina de aquella época se cebó en la no muy limpia fama de dicha actriz, a la que acechaban numerosos amantes.
No sólo de La Calderona tuvo Felipe IV descendencia ilegítima, pues se le cuentan por algún autor hasta 23 hijos bastardos.  Con la marcha del favorito Nithard no mejoró la situación, pues a la privanza de aquél sucedió la del paje Fernando Valenzuela, que supo captarse el favor de la reina.
Al mismo tiempo que estas intrigas palaciegas se sostenían guerras exteriores contra Luis XIV de Francia, que lanzó sus ejércitos contra Flandes y el Franco-Condado, causándonos grandes pérdidas, entre ellas la del Franco-Condado.  Pero este territorio le fue devuelto a España por la paz de Aquisgrán, que fue poco duradera sin embargo.  No obstante, rotas de nuevo las hostilidades, fue tan adversa la suerte de las armas a España, señaladamente por mar, que hubo que aceptar la paz de Nimega, renunciando definitivamente al Franco-Condado.
Mientras tanto llegó Carlos II a la mayoría de edad, y cediendo al clamor del público, desterró a don Fernando de Valenzuela y encargó a su hermano bastardo Juan José de Austria la gobernación del Estado.  Pero el desencanto no tardó en llegar, pues se vio que el ambicioso bastardo no era más afortunado que Nithard y Valenzuela; por lo cual bien pronto fue relevado del mando, volviendo a dominar en la corte los favoritos ineptos e inmorales.

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