26 sept. 2013

LA DECADENCIA DEL IMPERIO

Después de la muerte de Felipe II, España fue perdiendo lentamente su poderío.  Cierto es que las numerosas guerras sostenidas durante los reinados de Carlos I y Felipe II habían empobrecido a España y junto con la emigración a las colonias de América, la habían despoblado; pero, sin embargo, la causa principal de la decadencia del imperio español fue la falta de dotes de mando y buen gobierno por parte de los últimos reyes de la casa de Austria.
Al enérgico y laborioso Felipe II sucedió su hijo, el débil e indolente Felipe III (1598-1621), denominado "El Piadoso", el cual no tenía ninguna afición a los asuntos de Estado.
Su mismo padre había previsto sus escasas dotes de gobernar cuando en el lecho de muerte exclamó:
-Dios, que me ha dado tantos reinos, me ha negado un hijo capaz de regirlos. Temo que me lo gobiernen.
Sin embargo, el cronista Vivanco escribía de Felipe III:
"Era un príncipe admirablemente perfecto, dondecopiaban los demás las partes y virtudes que eran necesarias para hacerse gloriosos".
Pero Felipe III, tal como había previsto su padre, entregó las riendas del gobierno a su favorito, el duque de Lerma, hombre orgulloso y de mediana capacidad, pero con sobradas ganas de enriquecerse.
A su vez, el duque de Lerma compartía el mando con Don Rodrigo Calderón, marqués de las Siete Iglesias, que sólo pensaba también en aumentar su peculio, discurriendo nuevos arbitrios y abriendo suscripciones de donativos voluntarios.
Don Francisco de Sandóval y Rojas, marqués de Denia y duque de Lerma, había nacido en 1522, criándose en la corte de Felipe II.  Sirvió de "menino" al príncipe don Carlos y luego a su hermano Felipe III, cuya voluntad acabó dominando por completo.
Don Rodrigo Calderón, por su parte, había nacido en Amberes.  Era hidalgo pobre y bastardo, pero el duque de Lerma le encumbró con rapidez pues, según la frase de su biógrafo:
"Gustaba de ver crecer a los hombres y convertir las simientes del estiércol en gigantescos árboles".
Por su parte, el marqués de las Siete Iglesias dispensó su protección al joven don García de Pareja, que, en opinión de algunos historiadores, es el célebre personaje que, bajo el supuesto nombre de Gil Blas, dejó curiosas memorias publicadas en forma de novela por el francés Lesage.
Uno de los asuntos que reflejan más claramente el desconcierto del gobierno y las veleidades del rey fue el traslado de la corte a Valladolid, por empeño del duque de Lerma, y su regreso a Madrid, por capricho del rey, cinco años más tarde, recibiendo cada vez cuantiosos donativos.
Además, el duque de Lerma se apoderó de todos los bienes raíces de los moriscos expulsados, apropiándose de cerca de doscientos cincuenta mil ducados.  Cuando cayó del poder, tuvo que restituir al tesoro parte de lo que había defraudado.
Y a pesar de la triste situación económica en que se encontraba España, todavía se pensaba en sostener guerras exteriores, ya combatiendo en los Países Bajos, enviando una expedición a Inglaterra que acabó rindiéndose frente a las costas de Irlanda, o bien aspirando a liberar a Italia de las dominaciones extranjeras.

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