4 jun. 2013

HISTORIA DEL REINO DE PORTUGAL

El primogénito de Don Dionís fue Alfonso IV (1325-1357), que casó a su hija doña María con Alfonso XI de Castilla y auxilió a este monarca contra los benimerines en la batalla del Salado.
el año 1340 Alfonso IV mandó asesinar a doña Inés de Castro, esposa de su hijo Pedro, provocando con semejante crimen la rebelión de éste.
Refiere la tradición que doña Inés, llamada "Cuello de garza" por sus contemporáneos, era hija bastarda del noble gallego don Pedro Fernández de Castro, y parece que se crió en Santiago de Compostela al lado de su prima doña Constanza, hija del duque de Peñafiel. Pero cuando esta mujer casó con don Pedro, entonces infante de Portugal, pasó con ella a la corte de este reino, teniendo la desgracia de inflamar con su celebrada hermosura el corazón del esposo de su prima.
Se dice que muerta doña Constaza en 1345, su viudo, todavía infante, legalizó sus ilícitas relaciones con doña Inés de Castro haciéndola su esposa. El obispo de Guarda bendijo la unión en presencia de algunos servidores. Pronto se empezaron a componer trovas con motivo de la muerte de esta hermosa y desventurada doña Inés, a las que siguieron producciones dramáticas inspiradas en tan trágico suceso.
Cuando subió al trono Pedro I (1357-1367), hizo exhumar el cadáver de su esposa doña Inés y coronarla como reina de Portugal.  Este rey fue muy querido por el pueblo, pues rebajó extraordinariamente los impuestos, vivió con gran modestia y reprimió enérgicamente los desmanes de los nobles. Por esto último se le apellida "el Cruel", como a su homónimo y coetáneo rey de Castilla.
Su hijo Fernando I (1357-1383) heredó la corona de Portugal. Casó a su hija Beatriz con Juan I de Castilla; pero a su muerte, los portugueses, lejos de unirse al reino castellano, proclamaron rey al Maestre de Avís.
El nuevo monarca aseguró su corona al vencer a los castellanos en la batalla de Aljubarrota y rigió los destinos de su país con el nombre de Juan I el Grande (1383-1433).
Inmediatamente comenzó las expediciones al África, aunque su iniciativa y constante protección se debieron a su hijo, el famoso Enrique el Navegante, quien fundó la escuela naval de Sagres, "nido de águilas de la navegación", según expresó algún historiador del siglo pasado.
El inmediato resultado de la fundación de Don Enrique el Navegante (1394-1460) fue la conquista de Ceuta y el descubrimiento de las islas de Madeira y Terceira.
La conquista de Ceuta fue llevada a cabo en 1415 por el rey don Juan I en persona acompañado de sus hijos, que allí fueron armados caballeros. Cuando la anexión de Portugal a España, pasó Ceuta a nuestro dominio, el cual quedó al separarse nuevamente de la monarquía española el reino lusitano.
En 1419 descubrió la isla de Madeira Bartolomé Palestrello o Forestrello, suegro de colón, y por Tristán Van Texeira y González Zarco. La Terceira y todo el grupo de las Azores, a que pertenece aquélla, reconocen por descubridor a Cabral, que abordó a ellas en 1432.
A estas islas se las denominó Azores por los muchos milanos que anidaban en ellas.
Prosiguió esta empresa descubridora Eduardo I o don Duarte (1433-1438), en cuyo tiempo llegaron los navegantes portugueses a las costas de Río de Oro.  Iban dirigidos por Gil de Eanes, quien, doblando el cabo Bojador en 1434, disipó el horror que inspiraba el Mar Tenebroso y dio principio a los grandes viajes y descubrimientos trasatlánticos.
Cuando los emprendió el reino de Portugal, dos leyendas geográficas poblaban la imaginación de los nuevos argonautas: la del célebre Preste Juan de las Indias, a quien se suponía dominando en todo el Oriente desconocido; y las del Mar Tenebroso, abrasado en fuego, más allá del cual debían hallarse las venturosas Indias.

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