7 jun. 2013

ECONOMÍA MEDIEVAL, LA BROCA Y LOS CRONICONES

La vida económica fue casi nula en los primeros tiempos de la Reconquista. La población vivía de los productos del campo y de la ganadería, siempre expuestos, cosechas y ganados, a su destrucción o apresamiento en las frecuentes algaras de los ejércitos musulmanes.
Obvio es decir que la agricultura arrastró al principio una vida lánguida, porque todos los brazos útiles se empleaban en la guerra. Las faenas agrícolas e encomendaban casi siempre a los esclavos, que eran los moros hechos prisioneros en las luchas.
También dificultaba el desarrollo del campo, entre otras causas, los exorbitantes privilegios concedidos al "Concejo de la Mesta", cuyo centro se hallaba en León, Castilla y Extremadura.
Los ganados transhumantes -principalmente ovejas merinas- subían en primavera de las abrigadas dehesas de Extremadura a las frescas praderas de los montes de León, pasando allí la estación veraniega, y descendiendo a invernar en el país extremeño.
Para facilitar el pasto de dichos ganados, durante la travesía había que dejar muchísimas cañadas y, además, podían entrar los rebaños en todas las tierras que no estuviesen cercadas. Estos privilegios otorgados al "Consejo Pastoril" o de la Mesta impedían lógicamente el normal desarrollo de la agricultura, en beneficio de los grandes propietarios de ganado.
La industria apenas dio señales de vida hasta el siglo XIII, viéndose entorpecida por las "leyes suntuarias", la tasa del trabajo y el concepto de bajos y viles en que eran tenidos los oficios manuales, organizados todos en forma de gremios o cofradías y con fines caritativos bajo la advocación de un santo, con el fin de minimizar la baja estima que tenían.
Sucedía lo propio con el comercio, que empezó a desarrolarse con el establecimiento de las Ferias y mercados, alcanzando un gran florecimiento en Cataluña. El comercio adquirió tales proporciones en la región catalana, que Barcelona pudo rivalizar con las repúblicas italianas que dominaban el tráfico marítimo; pues mucho antes de aquéllas, estableció los "Consulados del mar", los "seguros marítimos" y las "letras de cambio", siendo también la primera en tener un código mercantil.
Las costumbres por entonces eran bien simples y primitivas, y las mismas moradas de los poderosos, los castillos, apenas sin tenían en esta época más que una sola habitación, en donde habitaban juntos señores, siervos y animales domésticos.
Hasta fines de la Edad Media se comía con los dedos. En las Partidas dispone Alfonso X el Sabio que los ayos de los Infantes no permitieran a éstos "coger las viandas con todos los cinco dedos de la mano", pues sólo deben tomarlas con "dos o tres".
El tenedor se introdujo en España con el nombre de "broca" y era de dos puntas, según se lee en el "Arte cisoria" del marqués de Villena.
Debido al continuo peligro en que vivían los Estados cristianos en los primeros tiempos de la Reconquista, expuestos en todo momento a ser destruidos por los musulmanes, y su pobreza, hicieron desaparecer casi por completo en ella toda cultura, de la que solamente fueron depositarios algunos monasterios.
Los escasos escritos que se conocen de esta época se refieren a cuestiones teológicas, como los "Comentarios o explicación del Apocalipsis", del Beato de Liébana, o bien breves relatos históricos, escritos en un latín corrompido, llamados "cronicones".

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