22 jun. 2013

CULTURA JUDEOESPAÑOLA

El nivel de la cultura judía fue siempre altísimo. La medicina fue la ciencia en que principalmente sobresalieron los judíos españoles, como los de todas partes.  Los médicos más famosos fueron el cordobés Aben Hasdai, galeno de Abderramán III, y el leridano Ibarún, que curó las cataratas de Juan II de Aragón.
El jienense rabí Hasdai (915-970) fue tan notable médico y político que Abderramán I lo llevó a su lado, le nombró primer ministro y secretario de cartas latinas y le confió misiones de importanci, que desempeñó con gran habilidad. Él fue quien curó la obesidad que padecía Sancho el Craso.
Como excelente astrónomo se distinguió Aben Dauth, que se convirtió a la fe cristiana, tomando el nombre de Juan de Luna; como cartógrafo sobresalió el mallorquín Jaime Ferrer o Jacobo de Mallorca, que dirigió la escuela naval de Sagres. Y como teólogos descollaron los conversos Alfonso de Cartagena y Pablo de Santa María.
La filosofía, por su íntimo enlace con la religión,, fue muy cultivada entre nuestros compatriotas judíos, formando tres famosas escuelas: la cordobesa, la toledana y la barcelonesa.  Maimónides, el más portentoso genio de Occidene, fue el fundador de la escuela cordobesa.  Moisés-ben-Maimón o Maimónides nació en Córdoba el 30 de marzo de 1135.  Obligado a dejar su país por la intolerancia de los almohades, en 1160 se estableció en Egipto, donde fue médico del célebre Saladino. Murió en 1204.  Sus producciones fueron de tres clases: tratados de Medicina y Astronomía, obras Teológicas y escritos sobre filosofía.  Maimónides era, como su paisano musulmán Averroes, un verdadero librepensador.  Los hebreos le consideran como el hombre más grande de su raza después de Moisés, o al menos así lo consigna el epitafio que le pusieron sobre su tumba.
Otros pensadores profundos fueron el malagueño Gebirot o Avicebrón y el insigne Aven-Ezra, jefe de la escuela toledana.
En el estudio de la filosofía podemos descubrir las causas del predominio que el arte simbólico ejerció en todas las manifestaciones de la literatura rabínica, y en algunas de la española durante un largo período.  Este período se inicia durante el reinado de Alfonso VII con la fundación del colegio semítico de Toledo y alcanza su mayor brillo en el de Alfonso X el Sabio.
Como historiadores se distinguen Alvar García de Santa María, que escribió parte de la crónica de D. Juan II, y Moisés Aben-Ezra, a quien se debe la historia literaria de los poetas hispano-judíos y varios poemas. 
Casi todos los grandes filósofos judíos fueron también inspirados vates.  Así, el mencionado Avicebrón es tan poético en su obra de filosofía "La Fuente de la Vida", como en sus celebrados versos del "Keter Malkúllh". Y Jehuda Halevi, autor de los diálogos del "Cuzari" lo es también de un sublime himno religioso.
Sin embargo, hubo también poeta puramente eróticos y aun báquicos, entre ellos Aben Kuzman. Destacaron también los conversos rabí Dom Santo de Carrión, autor de un poema titulado "Consejos y documentos al rey don Pedro", y Juan Alfonso de Baena, tan conocido por su "Cancionero" o recopilación de poesías de numerosos vates castellanos.
Es curioso observar que en contraposición a este gran florecimiento de las letras, las bellas artes no se desarrollaron entre los judíos de España, siendo muy pocas las sinagogas que erigieron en España.  La más notable es la que levantaron en Toledo con autorización del rey Don Pedro. Sus muros están todavía hoy llenos de inscripciones consagradas a dicho monarca.
Tanto los judíos españoles como los de todas partes conservaron fielmente su religión y su cultura identitaria. así como su lengua, pero reservando ésta para las cosas sagradas y asuntos teológicos, pues en los profanos y en todos los demás usos de la vida, empleaban el idioma del pueblo en cuyo seno vivían.  Así hablaron romance entre los cristianos y árabe entre los moros, como antes habían hablado latín cuando éste era el idioma de España. Pero el castellano que usaban los judíos, lo mismo que el de los árabes, no era un idioma puro, sino que estaba plagado de voces y modismos orientales.  Por ello se da el título de "aljamiadas" a las obras escritas, así por los árabes como por los judíos, con caracteres de sus respectivos alfabetos, en el romance especial que ellos aprendieron de los españoles.
No hay duda de que en la formación del castellano ejerció algún influjo el hebreo.  Tanto es así que, según ilustres hebraizantes, "la lengua de Moisés ha dado a la de Castilla mayor contingente de voces y de giros que el latín de Cicerón".
Los judíos, por su parte, se encariñaron de tal modo del idioma patrio que aún lo conservan en todos los países donde lamentablemente tuvieron que refugiarse al ser injustamente expulsados de la Península.  Es en muchos sitios donde todavía resuena el habla castellana del siglo XV, si bien ya algo adulterada por voces de otros idiomas y desfigurada por el cambio de la escritura y la pronunciación de algunas letras. De padres a hijos se transmite su aprendizaje.

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