25 may. 2013

LAS LIBERTADES ARAGONESAS

La fama de la gesta de Pedro el Grande corrió por toda Europa y sobre todo ante los sicilianos, entre quienes su prestigio fue aún mayor.  Mientras tanto, el Papa fulminó excomunión contra el rey aragonés por haberle arrebatado Sicilia a quien la tenía por cesión del Pontificado.  Ello hizo que Felipe III el Atrevido anunciara la invasión de los Estados de la Corona de Aragón y comenzó a penetrar en España con su ejército, apoyado por Don Jaime I de Mallorca, que era también rey del Rosellón, y no quería ser feudatario de su hermano, el monarca aragonés.
Los invasores ya habían puesto sitio a Gerona.  Pero hubieron de levantarlo por haberse desarrollado en su ejército una terrible epidemia.
Una tradición piadosa atribuye el origen de aquella epidemia a la profanación de los restos de San Narciso, patrón de la ciudad, cometida al parecer por los franceses cuando se hicieron dueños de la plaza, pues comenzaron a salir del profanado sepulcro unas moscas venenosas, de color azul y verde con listas rojas, que producían la muerte con sus picaduras.
De este hecho, acaecido en el mes de septiembre de 1286, según la Crónica de los reyes de Aragón que se conserva en el archivo de Barcelona, nació la locución vulgar de "hacer más daño que las moscas de San Narciso".
Los franceses fueron rechazados y casi exterminados, al repasar los Pirineos, en el denominado Coll de Panisars, por los fieros almogáraves que estaban al servicio de Pedro el Grande.
Por este mismo sitio había tratado de penetrar el ejército invasor de Felipe el Atrevido. Y habiendo el legado pontificio conjurado al monarca aragonés a que le franqueara el paso, recibió esta enérgica respuesta:
-Es fácil dar y aceptar reinos que nada han costado.  Pero el mío, comprado con la sangre de mis abuelos habrá de comprarlo, quien lo quiera, a igual precio.
No obstante, al morir Pedro III el Grande manifestó sus deseos de que la Sicilia fuera devuelta a la Santa Sede.
Las cuestiones exteriores a que tuvo que atender el rey de Aragón motivaron la concesión de algunos privilegios a la nobleza aragonesa y catalana, que aprovechándose de la comprometida situación del monarca quiso beneficiarse de las circunstancias.  Pedro el Grande concedió a los aragoneses el "Privilegio General" y a los catalanes varios privilegios especiales.
El "Privilegio General", fundamento de las "libertades aragonesas", puede compararse con la "Carta Magna" de Inglaterra; con la diferencia de que los ingleses la obtuvieron del débil Juan Sin Tierra, y los aragoneses la arrancaron a un monarca enérgico y poderoso.
Dicho "Privilegio General" confirmaba todos los antiguos fueros y ampliaba las atribuciones de las Cortes y del Justicia de Aragón.
Durante la lucha contra Felipe el Atrevido fue cuando el rey aragonés, que, como tantos otros reyes de Aragón, era trovador, escribió su célebre serventesio, dirigido a un poeta provenzal y que es un verdadero canto de guerra contra los franceses y un llamamiento a los provenzales, para que unieran sus armas a las de su reino.
Pedro III murió en 1285 de regreso a Barcelona, al pasar por  Villafranca del Penedés, dejando a su primogénito Alfonso el reino de Aragón (con Cataluña y Valencia) y a su segundo hijo, Jaime, el reino de Sicilia.

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