17 may 2013

EL REINO DE ARAGÓN

El pequeño reino aragonés comenzó a existir como nación independiente a la muerte de Sancho III el Grande, en 1035, que dejó el territorio de Aragón a su hijo Ramiro I (1035-1065).
Por entonces este reino estaba reducido al espacio que media entre los valles del Roncal y de Gistaín, regado por el río Aragón, que dio nombre al reino.
No tardó el rey Ramiro I, por muerte de su hermano Gonzalo, en heredar los condados de Sobrarbe y Ribagorza. Quiso después adelantar la Rconquista, pero al intentar apoderarse de la plaza de Graus, cerca de Huesca, fue derrotado y muerto por los moros.  El reinado de Ramiro I es también memorable por la celebración del Concilio de Jaca.
Heredó la corona de Aragón su hijo Sancho Ramírez (1065-1094), que otorgó el célebre fuero de Jaca.  Merece destacarse que, aparte del discutido Fuero de Sobrarbe, el de Jaca es el más antiguo de Aragón.  Y era tan rico en derechos que, según escribió Alfonso II, orgulloso de haber adicionado dicho Fuero en 1187, "de Castilla, Navarra y otras tierras solían ir a Jaca para aprender sus usos y costumbres".
Durante el reinado de Sancho Ramírez se verificó en Aragón el cambio del rito gótico por el romano.  Y este monarca sucumbió gloriosamente en el sitio de Huesca, dejando su reino engrandecido con la anexión voluntaria de Navarra, que no quiso dar la corona al asesino de su rey Sancho IV el Despeñado.
A la muerte de Sancho Ramírez heredó el trono de Aragón su hijo Pedro I (1094-1104), que conquistó la ciudad de Huesca y otras muchas plazas.  Como no dejó hijos al morir, subió al trono su hermano Alfonso I (1104-1134), que alcanzó luego el renombre de "Batallador" por las muchas guerras que sostuvo contra los moros.
Aragón fue, durante el reinado de Alfonso I el Batallador, el más importante de todos los reinos cristianos del oriente de España.  La gran conquista de este monarca fue la ciudad de Zaragoza, situada a orillas del Ebro, a la que en 1118 hizo capital de su reino.
Este rey aragonés tuvo el ambicioso proyecto de unir en uno solo todos los reinos cristianos de España y acabar así la Reconquista. Para ello contrajo matrimonio con doña Urraca, reina de Castilla. Pero la conducta poco ejemplar de ésta y la severidad del rey de Aragón malograron este matrimonio, que en lugar de grandezas trajo como resultado multitud de querellas y guerras, hasta que al fin fue anulado por el Papa. 
Los asuntos de su matrimonio distrajeron al Batallador de la guerra contra los moros. Pero a pesar de este desgraciado suceso, Alfonso I siguió la lucha, haciendo incursiones en busca de botín hasta Andalucía y Valencia, donde libertó del poder de los almorávides a gran número de mozárabes.
Luego continuó sus conquistas a lo largo del valle del Ebro y se apoderó de Mequinenza, poniendo después sitio a la plaza de Fraga, donde encontró la muerte.
A la muerte de Alfonso I el Batallador, el reino quedó sin heredero, puesto que el rey no había tenido descendencia de su único matrimonio, el celebrado con la altanera y voluble doña Urrraca. Dejó, pues, la corona a las órdenes militares del Temple y de San juan, estableciendo una rara sucesión que, por otra parte, no podía cumplirse de ningún modo.
Estas famosas Órdenes fueron creadas en Palestina con motivo de las Cruzadas. La del Temple vino a España bajo los auspicios de Alfonso I el Batallador, y la de San Juan para recoger la parte de herencia legada por dicho monarca aragonés.
Y, aunque no se les dio el reino, según aquél dispuso, recibieron en compensación copiosas mercedes, tierras y castillos, pasando también a Castilla.  Los aragoneses, sin obedecer a su rey, nombraron como heredero a don Ramiro, monje benedictino y hermano del Batallador; pero los navarros, no conformes con este nombramiento, se separaron nuevamente de Aragón y designaron por rey a García Ramírez, hijo del infante Ramiro de Navarra, nieto del Cid y biznieto de Sancho el Mayor.

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