28 may. 2013

EL COMPROMISO DE CASPE Y EL PAPA LUNA

A la muerte de Pedro IV el Ceremonioso, en 1387, heredó la corona su primogénito don Juan (1387-1395), apellidado "el Cazador y el Amador de toda gentileza", por ser más aficionado a la caza y a las letras que al buen gobierno.
Se debe a Juan I la institución de los "Juegos Florales" y una medida que señala un gran progreso en la ciencia de curar, pues el 3 de junio de 1391 expidió un decreto autorizando a los profesores y estudiantes de la Universidad de Lérida para hacer  operaciones anatómicas en los cadáveres de los ajusticiados.
Recordemos que por aquel entonces se hallaba severamente prohibida en todo el mundo la disección de los cadáveres humanos, y que hasta 1482 no fue autorizada en la célebre universidad de Bolonia.
El único hecho de política exterior que en el reinado de Juan I se registra, es la pérdida del Ducado de Atenas que en el de don Pedro IV se había incorporado voluntariamente al reino de Aragón. Juan I murió sin hijos y fue víctima de sus aficiones venatorias, pues en una cacería derribó su caballo, dejándolo muerto en el acto. Igual fin tuvo, según se dijo, Juan I de Castilla.
Al rey Juan I de Aragón le sucedió su hermano don Martín I el Humano (1395-1410), gobernador que era de Sicilia, y que tras un reinado sin importancia bajó también al sepulcro sin dejar sucesión; por lo cual quedó vacante el trono aragonés.
Muchos candidatos alegaron derechos para ceñir la corona.  Entonces los Parlamentos (o Cortes en el reino de Aragón), convocados para resolver tan delicada cuestión sucesoria, no logrando venir a un acuerdo, determinaron nombrar un Jurado de nueve compromisarios, que reuniéndose en Caspe, eligieran monarca, siendo su decisión acatada por todos.
De estos nueve representantes eran tres por cada uno de los reinos de Aragón, Cataluña y Valencia, que componían la monarquía aragonesa.
El más famoso de los nueve compromisarios era San Vicente Ferrer, fraile dominico natural de Valencia (nacido en 1335 y muerto en Vannes en 1419), varón piadoso y elocuente orador, que dedicó su vida a predicar a los judíos, entre los que hizo muchas conversiones.
Los otros compromisarios eran: por Aragón, Domingo Ram, obispo de Huesca; Francisco de Aranda, cartujo; Berenguer Baradji, letrado. Por Cataluña, Pedro Sagarriga, arzobispo de Tarragona; y los letrados Guillén de Vallseca y Bernardo Gualbes. Y por Valencia, Bonifacio Ferrrer, prior de la Cartuja y Pedro Beltrán, letrado.
Después de amplias deliberaciones, los compromisarios eligieron como rey de Aragón al infante de Castilla don Fernando de Antequera, nieto de Juan I de Aragón.  Los otros candidatos a la corona aragonesa eran el Conde de Irgel, biznieto de Alfonso IV; don Fadrique, nieto bastardo de don Martín el Humano; don Luis de Calabria, nieto de Juan I; el conde de Prades, y el duque de Gandía.
Así pues, ciñó la corona de Aragón Fernando I (1410-1416), apellidado "el Justo y Honesto".
Durante su breve reinado el antipapa Benedicto XIII, encerrado en Peñíscola, prolongaba el lamentable cisma de Occidente. Don Fernando I le negó obediencia, a fin de que, al verse abandonado hasta por los suyos, abdicase la tiara.
La verdad es, sin embargo, que a pesar de ello duró el cisma hasta la muerte del Papa Luna.  Nunca renunció a la tiara, y murió ya nonagenario, titulándose Benedicto XIII. La locución vulgar de "mantenerse en sus trece" tal vez alud a la terquedad de este famoso y docto papa, que siempre se consideró como el decimotercero de los Benedictos.
Al verse en peligro de muerte, hizo que se reunieran en Cónclave los pocos cardenales que aún le reconocían por verdadero pontífice, y que le designaran sucesor. El elegido fue un canónico de Palma de Mallorca llamado Gil Muñoz, que tomó el nombre de Clemente VIII. Pero este nuevo Papa, en obsequio a la paz de la Iglesia, renunció pronto a sus derechos.

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