3 abr 2013

LA BATALLA DEL SALADO

La minoría de edad de Alfonso XI (1312-1350) fue regentada por Doña Constanza y Doña María de Molina, madre la primera y abuela la segunda del rey niño.
Los infantes Don Juan Manuel y Don Juan el Tuerto formaron en seguida una conjuración contra el monarca; pero éste llamó a su palacio de Toro, bajo pretexto de reconciliación y avenencia, a Don Juan el Tuerto, y le hizo dar muerte apenas llegó.
Este Don Juan llamado "el Tuerto", no porque le faltara un ojo, sino por ser "torcido" o "contrahecho" de cuerpo, era hijo de aquel famoso Don Juan que asesinó al vástago de Guzmán el Bueno ante los muros de Tarifa.
Alfonso XI logró restablecer la paz de su reino, castigando severamente a muchos nobles revoltosos, por lo que recibió el sobrenombre de "Justiciero".
Mientras tanto, los benimerines invadieron España en ayuda de sus hermanos musulmanes, invasión que en vano trató de impedir Alfonso XI situando una flota en el estrecho de Gibraltar, pues fue derrotada, con muerte de su almirante, Don Jofre Tenorio, recuperando los moros Gibraltar y poniendo sitio a Tarifa.
Se cuenta que el marino Jofre, viendo su galera rodeada de numerosos bajeles enemigos y sin gente para luchar contra ellos, abrazó con una mano el estandarte real y con la otra se defendió hasta que cayó acribillado de heridas, como más tarde le ocurrió a Churruca cerca de aquel mismo lugar.
En socorro de Tarifa marchó Alfonso XI, auxiliado por los reyes de Portugal y Aragón. Los benimerines salieron a su encuentro, en número tres veces superior, a orillas del Salado, pequeño río cercano a Tarifa.
La batalla se libró el 3 de octubre de 1340, y a ella asistieron junto al monarca el cardenal Albornoz y la célebre Guardia de Donceles, que eran los primeros cadetes o alumnos de la Academia Militar fundada en Toledo por el rey.
El ejército árabe sufrió en el Salado una gran derrota viéndose obligado a retirarse de nuevo al Norte de África.  Los trofeos de la batalla, en la cual estuvo a punto de perecer Alfonso XI, fueron llevados al santuario de la Virgen de Guadalupe, donde todavía se conservan junto a otros muchos testimonios de la devoción de aquel monarca.  También existe una bandera en el cabildo de Toledo que fue tomada a los benimerines en aquella batalla.

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