2 abr. 2013

FERNANDO IV EL EMPLAZADO Y LA RECONQUISTA DE GIBRALTAR

A la muerte de Sancho IV el Bravo heredó los reinos de Castilla y León su hijo Fernando (1295-1312), bajo la regencia de su animosa madre Doña María de Molina.
Frente a una mujer joven y un rey de nueve años, rebrotaron los odios que causó el testamento de Don Alfonso X el Sabio, y las aspiraciones que asfixiaron la energía de su sucesor el Bravo.
Sorprende ver de nuevo en escena al infante Don Juan y que encontrara nobles que le trataran y apoyasen cuando hacía sólo un año que había cometido el crimen de Tarifa.  Pero él, manchado de la ignominia, pretendió, sin embargo, ser el rey de León, de Andalucía y de Galicia, para lo que encontró amigos en España y la ayuda del rey Dionís de Portugal.
Doña María de Molina no se arredró por ello y supo conjurar todos los peligros que amenazaron al trono de su hijo, buscando el apoyo del estado llano, siempre amigo y defensor de los reyes en sus luchas contra la nobleza, que ahora negaba la legitimidad del nuevo monarca, por haber sido anulado el matrimonio de sus padres a causa del parentesco.
En 1303 alcanzó Fernando IV la mayoría de edad.  Pero el joven príncipe se portó entonces con más ingratitud con su madre que se portara su padre con Don Alfonso X el Sabio.
Por si no fuera ya poco denigrante tener de consejero a su malvado tío el infante Don Juan, inducido por éste pidió Fernando IV a su madre cuentas del dinero gastado durante su regencia.  Y el monarca no se avergonzó cuando su madre le demostró, no sólo la limpieza de la administración de los caudales de la nación, sino que la regente había vendido todas sus joyas y bienes para salvaguardar la corona de su ingrato hijo.
En 1309 anunció el rey su idea de conquistar la ciudad de Algeciras, y encomendó a Guzmán el Bueno la difícil misión de tomar la plaza de Gibraltar, lugar que los cristianos no habían vuelto a pisar desde que les echaran de allí los árabes en el 711.
Gibraltar se rindió a Guzmán el Bueno, después de un mes de asedio, a finales de agosto.  Luego, se dedicó su conquistador a limpiar de enemigos la serranía de Ronda, pero herido mortalmente por una flecha falleció el 23 de enero de 1310, a los cincuenta y cuatro años de edad.
Fernando IV lleva el apodo de "el Emplazado" porque, según una leyenda, en agosto de 1312, a su paso por Martos, condenó a muerte a dos hermanos, llamados Pedro y Juan Alonso Carvajal, o "Los Carvajales".  Éstos, inocentes del crimen que se les imputaba, emplazaron al rey, al tiempo de morir, para que en el término de treinta días se presentara ante el tribunal de Dios a responder de su injusta sentencia.
Y se cuenta que Fernando IV fue hallado muerto en la cama al cumplirse el citado plazo dictado por los hermanos Carvajales.
En Martos se designa todavía con el nombre de "Cruz del Lloro" el sitio en que, según la tradición, basada en una crónica de Sebastián Martínez, presenció la multitud, entre rezos y lamentaciones, la ejecución de los dos hermanos Carvajales.  Y se denomina las "Tres Cruces" el punto donde fueron a parar sus cadáveres.  Sus restos se conservan hoy en el templo de Santa María.
La tradición afirma que los Carvajales fueron precipitados dentro de una jaula, por el tajo o derrumbadero de la Peña de Martos, en la población del mismo nombre.  Este acontecimiento no tiene comprobación histórica, obviamente.  
La muerte de Fernando IV el Emplazado ocasionó otra nueva minoridad, la de su hijo de un año de edad, Alfonso XI, durante la cual hubo nada menos que seis regentes.  Tal cosa produjo una anarquía, siendo preciso declarar al joven rey mayor de edad antes de tiempo.

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