28 abr. 2013

LA BATALLA DE ALJUBARROTA

En 1379, al subir al trono Juan I (1379-1390) siguió fielmente los consejos paternos, mas, al ratificar la anterior alianza con Francia, el duque de Lancaster reincidió en su demanda al trono de Castilla.
Y con el fin de reforzar su petición se alió con Portugal.  En 1381 se iniciaba la guerra, que terminó en seguida al concertar la boda de la infanta Doña Beatriz, hija y única heredera del rey portugués Don Fernando I, con el primogénito de Juan I, muy niño todavía.
Ocurrió sin embargo que Doña Leonor de Aragón, la mujer del rey castellano, murió en 1382, a los veinticuatro años de edad, cuando dio a luz la hija que llevaría su nombre.  Viudo Juan I de Castilla, y en consideración a la edad de su hijo, novio de Beatriz, le sustituyó el padre, y en 1383 casó en segundas nupcias con la heredera de Portugal.
Finalizaba ese año cuando murió don Fernando I y pasaba a Beatriz el trono portugués, quedando así fusionados Castilla y Portugal.  Pero como los lusitanos no querían en su pueblo a un monarca extranjero proclamaron rey a un hijo natural de Pedro I, maestre de la Orden de Avís, que se llamaba Juan.
La Orden de Avís se había fundado en Portugal a mediados del siglo XII, y tomó este nombre de la ciudad de Avís, que Alfonso I dio a los caballeros de dicha orden.  En la lucha entablada combatieron los dos Juanes y avanzó el de Castilla en marchas victoriosas hasta alcanzar Lisboa. Y ya se creía vencedor cuando vino una peste a cebarse con su ejército.  En vista de que no podía combatir con tan fuerte adversario, ordenó retirar sus tropas en el mes de septiembre de 1384.
Pero once meses después Juan I de Castilla invadía nuevamente las tierras portuguesas, mas en Aljubarrota, población situada a veinticinco leguas al norte de Lisboa le infligió Juan I de Portugal un revés desastroso que le hizo renunciar a unir las dos coronas.
El desdichado combate de Aljubarrota se libró el 15 de agosto de 1385 y fue de muy corta duración, pues el ejército castellano llegó cansadísimo al lugar de la acción y al primer encuentro se vio arrollado y puesto en fuga.  Don Juan I de Castilla estuvo a punto de caer prisionero, por haber perdido su caballo. Pero le prestó el suyo, para que huyera, el ilustre hijo de Guadalajara don Pedro González de Mendoza, señor de Hita y de Buitrago, que hizo el sacrificio de su vida por salvar la del monarca castellano.
También pereció en tal combate con toda su gente soriana el capitán Yáñez de Barnuevo, no habiendo quedado con vida más que un joven que, al regresar a Soria, fue muerto por su mismo padre, afrentado de que no hubiera sucumbido con los demás.
En el sitio donde se  cometió el parricidio se colocó una lápida con la siguiente inscripción: "Aquí mató el padre a su hijo que trajo la mala nueva de Aljubarrota."
Entre los próceres castellanos que cayeron prisioneros figuraba el canciller López de Ayala, que peleó bravamente al lado del rey Don Juan, y que luego obtuvo la libertado por medio de un cuantioso rescate.
Los portugueses tuvieron en Aljubarrota una heroína, llamada Brites de Almeida, panadera de oficio, que con una pala de hierro mató a siete castellanos e hirió a muchos más. En el pueblo donde tuvo lugar la batalla se conserva todavía la famosa pala con que aquella animosa y forzuda mujer realizó tal hazaña.
Después, durante medio siglo reinaría en Portugal don Juan I, el primer soberano de la dinastía de Avis, familia que iba a ser justamente célebre por sus exploraciones y descubrimientos en los mares remotos.

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