5 abr. 2013

ESCÁNDALOS AMOROSOS DE UN GRAN MONARCA: ALFONSO XI

En 1439 don Alfonso XI decidió recobrar Gibraltar, perdido en el año 1333.  Puso sitio a la plaza, seguro de ganarla como ganó Algeciras, pero a principios de 1350 una grave epidemia acometió al ejército sitiador y de ello murió el rey.
Merece recordarse, como rasgo caballeresco de los moros, que éstos suspendieron las hostilidades al saber del fallecimiento del rey castellano y presentaron a su cadáver honores fúnebres militares.
La muerte de Alfonso XI, ocurrida el 26 de marzo de 1350, fue causada por la terrible peste negra, bubónica o de Levante, que apareció en 1348 y estuvo a punto de despoblar Europa, ya bien castigada por la lepra, que duró toda la Edad Media debido al desconocimiento de la higiene y a la falta de medidas sanitarias.  Se cree que en España sucumbieron dos terceras partes de la población como consecuencia de la terrible plaga.
Alfonso XI no fue sólo un gran guerrero, sino también un excelente gobernante y legislador.  En las Cortes de Alcalá hizo un "Ordenamiento" para que se aplicase el código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio.  Compuso además un tratado de montería titulado "Libro de las Behetrías", y por su orden se escribieron las crónicas de los tres reyes que le precedieron en el trono.
En su reinado se escribió asimismo el códice "Leyes de moros".
Alfonso XI fue el monarca de su tiempo que más hizo trabajar a la Cancillería.  Se ocupó de ordenar la embarullada Hacienda, limpió de malhechores las rutas de viajeros, combatió los abusos en materia de abastos. También dejó solucionada la incorporación voluntaria a Castilla de Álava y Vizcaya, respetando las leyes y hábitos alaveses.
Logró además liquidar la discusión dinástica con la formal renuncia de Alfonso de la Cerda al trono castellano, y durante su reinado se descubrieron las islas Canarias, reconociéndose el derecho de Castilla a la posesión de este archipiélago del Atlántico.
La única mancha que oscurece las glorias de Alfonso XI la constituyen sus escandalosos amores con Doña Leonor de Guzmán, de la cual tuvo varios hijos, que habían de ser más tarde un elemento de perturbación en Castilla.
Era doña Leonor sevillana e hija de don Pedro Pérez de Guzmán, hermano de Guzmán el Bueno.  Y habiéndose casado con don Juan de Velasco, enviudó cuando apenas tenía diecinueve años.  Entonces la conoció el rey, de quien fue la favorita por espacio de veinte años.

"En fermosura -dice la Crónica de Alfonso XI por Sánchez de Tovar- era doña Leonor la más apuesta mujer que había en el regno."

Juntaba a su belleza la simpatía espontánea, de gracia arrolladora, y el ingenio andaluz de chispeante atractivo.  No es extraño que el rey se enamorara de ella apasionadamente.
María de Portugal, mujer legítima de Don Alfonso XI tuvo dos hijos: el primero, que sólo vivió meses, el año 1332; el segundo vino al mundo en agosto de 1334, y sería, andando el tiempo, Pedro I el Cruel.
Doña Leonor de Guzmán, en cambio, dio a su amante nueve hijos y una hija, algunos de los cuales intervendrían destacadamente en la historia del reino, no sin sufrir esta familia la brutal represalia del cruel Pedro I, como veremos pronto.
En la vida de Don Alfonso XI representa Doña Leonor la mujer verdadera.  La quiso con locura durante veinte años  No se trató, por tanto, de un amor pasajero, de un capricho sin fondo, que se goza y se deja.
Trató Don Alfonso a Doña Leonor como si fuese reina, asignándole corte protocolaria y rica.  Con ello no hizo más que alimentar el rencor de su esposa Doña María, que soltaría el veneno tan pronto como su rival quedase desamparada.

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