31 mar. 2013

ALFONSO X EL SABIO Y LA CONJURACIÓN DE SORIA

Hijo primogénito del rey Fernando III el Santo, Alfonso X fue llamado "el Sabio" (1252-1284) por su gran predilección por las ciencias y las letras, que protegió grandemente durante todo su reinado y él mismo cultivó.  Alfonso X se rodeó de los hombres más doctos de España, sin tener para nada en cuenta su raza ni su religión.  Y en la Escuela de Toledo sabios de las tres religiones trabajaron juntos, dirigidos por el monarca, para contribuir al progreso de la ciencia.  El rey en persona revisaba los trabajos y cuidaba y corregía el idioma castellano en que iban redactados y que, ya desde tiempos de su padre, había sido declarada lengua oficial del reino.
Alfonso X publicó muchas obras de distintas ramas del saber.  La más famosa es un código de leyes llamado "Las Siete Partidas" porque su contenido jurídico está dividido en siete partes.  A él se deben también las "Tablas Astronómicas" y una "Crónica General de España".
Fue, además, un delicado poeta, componiendo sus famosas "Cántivas" o cantos en honor a la Virgen María, escritas en lengua gallega y musicadas, las cuales se han perdido.
Pero si por su espíritu se le llegó a llamar el Salomón Cristiano, en cambio, Alfonso X fracasó como rey, pues habiendo recibido de su padre un reino poderosísimo, estuvo a punto de deshacerlo.
A pesar de la fama de valeroso que había alcanzado antes de reinar, no conquistó el reino de Granada, como era de esperar, si bien es cierto que recuperó algunas plazas fronterizas, Jerez entre ellas, que habían caído de nuevo en manos de los moros.
En el reino de Sevilla conquistó la plaza de Niebla, cuyo sitio es memorable, porque en él, según parece, es donde por primera vez emplearon los moros las armas de fuego, aún desconocidas por los cristiano.
Con la ayuda de su pariente Jaime I de Aragón sofocó una conspiración en el reino de Murcia.  Pero la lucha con los reyes cristianos de Portugal y Navarra, primero, y sus pretensiones al trono del Imperio de Alemania, por ser hijo de doña Beatriz de Suabia, después, le impidieron llevar hasta el fin la obra de la Reconquista.
Sus muchos viajes al extranjero y la mala administración le obligaron a imponer onerosos tributos y aumentar el valor de la moneda, con lo cual se atrajo la animadversión de su pueblo.
Una de las poblaciones que con mayor energía mostró su oposición fue la de Soria, done se trató de impedir a viva fuerza que el rey siguiera sus pretensiones a ser nombrado emperador de Alemania..  Por lo cual se denomina a tal suceso la "Conjuración de Soria".
En sus últimos años, el monarca pretendió dividir su reino en dos partes, una para sus nietos, los infantes de la Cerda, hijos de su primogénito, y la otra para su otro hijo don Sancho, llamado "el Bravo".  Éste se opuso tan resueltamente a tan desdichado propósito, que se sublevó contra su padre.
El monarca castellano, abandonado por todos, tuvo que refugiarse en la ciudad de Sevilla, que le permaneció fiel.  Pero la amargura de estos sucesos aceleró su muerte.

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