10 feb. 2013

ORGANIZACIÓN DE AL-ÁNDALUS

La población de los territorios españoles dominados por los musulmanes fue muy variada. Hay que distinguir, en primer término, entre vencedores y vencidos.  Y entre estos últimos, aquellos que se convirtieron a la religión de los dominadores y los que siguieron fieles a las creencias cristianas.  Los vencedores profesaban todos la religión musulmana, pero entre ellos existían gentes de diversas razas :árabes, persas, sirios y berberiscos o moros.  En general, todas estas gentes vivieron en el campo, vigilando sus tierras conseguidas en la victoria.  Los más numerosos, entre los dominados, fueron los mozárabes o hispano-visigodos que permanecieron en las ciudades y campos ocupados por los musulmanes sin abandonar la religión cristiana.  Mientras los árabes se apropiaron de los más fértiles terrenos de Andalucía, a los moros se les repartieron las tierras áridas y secas de la Meseta; pero estos, descontentos de su rendimiento y del clima extremo, las abandonaron en masa en los últimos años el emirato de Damasco (753).
Se daba el nombre de mudéjares a los árabes que quisieron continuar habitando en las ciudades reconquistadas por los cristianos, ocupando barrios segregados, llamados por esto morerías.  A ello debemos un género arquitectónico denominado estilo mudéjar y una literatura que se llama aljamiada, por estar escritas sus producciones en lengua española pero con caracteres árabes, la cual ejerció gran influencia en nuestras letras.  Los mudéjares fueron dentro de la sociedad cristiana los médicos y los boticarios más ilustres, así como los artistas más distinguidos.
Se dio el nombre de maulas a los cautivos cristianos que, abrazando el islam, recobraban la libertad y permanecían entre los árabes.  El nombre maula pasó a nuestro idioma con significación despectiva, commo todos los que sirvieron para designar a los renegados. La palabra maula es sinónimo de engaño o artificio encubierto.  Y cuando queremos dar a entender que a alguno se le tiene por taimado, solemos decir "qué maula" o "buena maula..."
A este propósito dice un autor árabe: "Tres cosas anulan la oración, a saber: el contacto de un perro, de un asno y de un maula."
Se daba el nombre de muladíes a los hijos de padre musulmán y madre cristiana o viceversa, los cuales estaban obligados por a ley a profesar la religión mahometana.  El mayor número de muladíes procedía de padre musulmán y madre cristiana, porque habiendo sido muy pocas las mujeres de su raza que vinieron con los árabes, necesitaron éstos tomar esposas de entre los pueblos vencidos.  Y en verdad que estas mujeres cristianas ejercieron una saludable influencia en la sociedad arábigo-española, dando a la morisma el carácter elevado y caballeresco que acabó distinguiéndola.
Renegados eran los cristianos que voluntariamente apostaban por la religión islámica.  Los árabes designan a los renegados con el nombre de marranos, que equivale al de apóstata, y pasó luego a nuestro idioma con significación despectiva.  El vocablo "marrano" se deriva de la raíz "marrat", que quiere decir tornadizo o mudable; y en este sentido traslaticio significó "sucio", "puerco", "asqueroso", por lo cual se dio al cerdo el nombre de marrano.
Vivían además entre los árabes españoles muchos judíos que gozaron de la protección de los musulmanes ejerciendo en su sociedad profesiones liberales y comerciales.  En cambio, los pueblos africanos que invadieron España en la época de los reinos de taifas, y especialmente los almohades, los persiguieron cruelmente.
Existieron también en la población arábigo-española hombres no libres, siervos dedicados al cultivo de los campos, y esclavos, destinados al servicio de sus dueños.  Los mozárabes en las ciudades habitaban barrios separados y estaban gobernados por condes o jefes de su misma clase, aunque designados por las autoridades musulmanas y también por jueces especiales llamados cadíes de los cristianos.  Al principio, ya lo hemos dicho, fueron tratados bien y se les permitió el culto de su religión.  Después, en tiempos de Abderramán II comenzaron a ser perseguidos, y su situación fue empeorando cada vez más, sobre todo después de la disolución del califato de Córdoba.

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