7 feb. 2013

LOS REINOS DE TAIFAS

Son conocidas con el nombre de reinos de Taifas, es decir, de bandería o caudillaje, las pequeñas soberanías fundadas sobre las ruinas del califato de Córdoba.  Las significaciones de la voz arábiga "taifas" son: cuadrilla, compañía, tribu, kábila, población pequeña y otras análogas.  De manera que el régimen de taifas venía a ser un "feudalismo musulmán", pues cada jeque o caudillo se hacía dueño de un territorio, donde daba rienda suelta a sus instintos, por lo general feroces, pactando a veces con los cristianos para llevar la guerra a otro reino moro, y contribuyendo así a su propia ruina.
Los reinos de Taifas convirtieron la España  árabe en un teatro sangriento de discordias y guerras civiles, útiles tan sólo para los cristianos.
En efecto, desde entonces los árabes españoles dejaron de ser un peligro para los cristianos, más poderosos que aquellos pequeños reinos, los cuales además les pagaban tributo y les rendían homenaje, dejando de ser la guerra de la Reconquista una empresa nacional para convertirse en fronteriza, lo que explica su larga duración.
Los reyes de Taifas que fundaron dinastías más poderosas fueron los Tajdivitas y los Benihud, que fueron sucesivamente reyes de Zaragoza; los Hamudíes, que reinaron en Málaga; los Aftasíes, que se entronizaron en Badajoz, constituyendo un Estado que comprendía toda Extremadura y algunos territorios de Portugal.
Almotacín se distinguió entre los soberanos de Almería.  Hizo de la capital de su Estado el más tranquilo de todos, na de las ciudades más fabriles y comerciales de la época, que enviaba a los demás puertos sus cárabos morunos repletos de sedería y otros ricos productos industriales.
En Toledo fue Almamún el monarca más notable.  Llegó a apoderarse de la antigua corte de los califas, si bien es verdad que no pudo sostenerse mucho tiempo en dicha ciudad. Dirigida por Avonchavar, Córdoba se erigió en una especie de república.  Este pequeño Estado disfrutó de paz y se incorporó luego al reino de Sevilla.  Éste, el más poderoso y extenso de todos los taifas (fueron 27 en total), contó entre sus príncipes famosos a Almothadir, hombre de carácter sanguinario y artero, que se hizo dueño de las ciudades de Huelva, Jaén, Niebla, Morón y ronda.  Refieren los historiadores que las copas de los banquetes de Almothadir eran cráneos humanos guarnecidos de oro y pedrería.  Y con su crueldad corría parejo el libertinaje, pues reunió en su harén hasta 800 concubinas.  Además, se entregaba a la embriaguez, no obstante el precepto coránico que prohíbe el consumo de alcohol a los musulmanes.  Su hijo Almothamid conquistó la ciudad de Córdoba llegando entonces el reino sevillano a su mayor gloria y extensión.  Este príncipe, aficionado a las letras, reunió en Sevilla los más inspirados vates hispano-musulmanes.
Además de los Estados que acabamos de citar, tuvieron alguna relevancia los de Albarracín, que contó con cuatro reyes; Denia, que fue conquistada por el rey de Zaragoza; Carmona, bajo los Bein-Birzel; Ronda, que después de dos reinados independientes, se unió a Sevilla; Morón, que corrió la misma suerte; Arcos, que sólo tuvo un monarca y fue vencido por el sevillano; Huelva, que también pagó tributo al mismo, como igualmente Niebla y Santa María del Algarve; Portugal, que vivió bajo el dominio de los Aftasidas; y Alpuente, que obedeció a los Beni Casin.

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