13 feb. 2013

EL ARTE ÁRABE EN ESPAÑA

La pintura y la escultura fueron casi desconocidas de los árabes, y se redujeron al mero adorno de los edificios.  Sólo en el palacio de Medina Zahara y en la Alhambra hicieron ensayos pictóricos y escultóricos, imitando, aunque muy toscamente, seres humanos, animales y plantas.  En cambio, la arquitectura levantó monumentos maravillosos, como la mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada.
La arquitectura hispano-árabe aprovechó en sus comienzos los elementos del arte visigodo, entre ellos el arco de herradura, que pasó a ser clásico en el arte musulmán, pero poco a poco fue tomando un estilo propio que en la época califal se extendió no sólo por la península ibérica, sino también por los países del Norte de África.  A esta época califal (siglo X) pertenece, en primer término, la Mezquita Aljama, hoy catedral de Córdoba.  La mezquita de Córdoba fue construida por Abd al-Rahmán I y ampliada por Abderramán III y Almanzor.  Para su construcción se aprovecharon las columnas y otros elementos de la catedral visigoda de San Vicente.  Como las columnas resultaban bajas para la enorme altura, sobre los arcos de herradura sustentados por dichas columnas, alzaron otros sobre pilastras, formando un conjunto de extraordinaria belleza.  Tiene diecinueve naves y centenares de columnas.  En el interior, y perdida en el bosque de columnas, fue construida, en el siglo XIV, una espaciosa iglesia cristiana.  La mezquita cordobesa estaba decorada con mármoles, piedras preciosas y mosaicos de esmalte y oro.
Medina Al-Zahra fue, según ya se dijo, una ciudad de recreo que, en memoria de su esposa favorita, mandó construir Abderramán III en las proximidades de Córdoba.  Los autores árabes se deshacen en elogios de sus maravillas y las excavaciones modernas han demostrado la justicia de tales alabanzas.
Ala época de los reinos de Taifaas (siglos XI al XIV) pertenecen, entre otros, los restos de la Aljafería de Zaragoza, que fue un gran palacio campestre, y la famosa Giralda de Sevilla.  La Giralda, antiguo "alminar" o torre de la mezquita principal de la ciudad, de la que se conserva también el "patio de los Naranjos", es hoy la torre de su catedral.  Estuvo formada por dos cuerpos de planta cuadrada y fue construida en el siglo XII, durante el reinado del emperador almohade Yacub.  El cuerpo superior fue sustituido, en el siglo XVI, por el actual campanario que la remata.  Es hermana de otros dos alminares gemelos, levantados también por iniciativa del citado soberano almohade.  De estos tres alminares, los de Rabat y Marrakech son de piedra, mientras que la Giralda es de ladrillo.
Al período granadino, última manifestación del arte hispanoárabe, corresponde el palacio de la Alhambra, construido por los reyes nazaríes en las estribaciones de Sierra Nevada, mirando a las frondosas vegas del Genil y del Darro, y cuyo patio central es el "patio de los leones".
Aunque, como ya hemos dicho, son muy escasas las obras escultóricas y las pinturas, a causa de la prohibición coránica de reproducir figuras humanas y de animales, en cambio, tienen gran importancia las artes industriales: cerámica, cueros repujados, esmaltes, tapices, orfebrería, etc...  Son de destacar las finísimas arquetas de marfil, guardajoyas que se usaron después como relicarios en algunas iglesias cristianas.  También fue muy cultivada la música: de origen árabe son muchas de nuestras canciones populares, tales como las malagueñas, el fandango, las soleares, las folías y otras muchas tonadas, destacando entre todas ellas la jota aragonesa.
Creen algunos, no obstante, que la jota fue traída de Italia por sus dominadores aragoneses.  Y otros opinan que la jota aragonesa tuvo su origen en el "canario", baile popular de los guanches, muy generalizado en España desde que empezaron a formar parte de nuestro territorio las islas Canarias.  La tradición popular afirma, sin embargo, que el auto de la jota, y quien le da nombre, fue un moro de Valencia llamado Aben Jot, que era gran músico.  Y habiendo caído en desgracia de su rey por pecados de amor, fue encerrado en el castillo de Ayud (Calatayud), donde distraía sus penas cantando y tañendo una guzla que le proporcionó el alcaide de la fortaleza.  Y allí la fiebre de la pasión y la nostalgia de su país pusieron en sus labios y en su guitarra la sublime jota.
Entre los instrumentos musicales que los árabes nos dejaron se hallan: la cítara, el rabel, la guzla, la charamita o dulzaina, la chirimía, el canun (arpa o salterio), el laúd, la flauta, el albogue, los atabales y añafiles, el tambor, la pandereta y la guitarra, de que son variedades la mandolina y la bandurria.

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