30 ene. 2013

"LA NOCHE TOLEDANA" y "LA MARCA HISPÁNICA"

Abderramán I, lo mismo que sus sucesores, fue un gran protector de las ciencias y de las artes, que él mismo cultivaba también.  El año 788 muere Abderramán I y ese mismo año otro ilustre poscripto, llamado Eris-ben-Abdalah, emancipó del califato de Oriente toda el África septentrional, haciéndose dueño del Magreb, donde fundó el reino de Fez.
Heredó el trono hispano Hixén I (788-796), que era hijo de Abderramán I y al que también conocemos como Hisham I, no sin que sus hermanos le movieran a la guerra pues le disputaron la corona.  Una vez sofocadas las insurrecciones, Hixén emprendió la guerra santa contra los cristianos, obteniendo algunas victorias, contrapesadas por la derrota que sufrió en Lutos.  Pero las aficiones del monarca no tanto belicosas como literarias, y a la sombra de la paz que disfrutó durante la mayor parte de su reinado, creó escuelas y otros establecimientos científicos, cultivando él mismo la poesía.  En los consejos que escribió para su hijo dejó máximas de una moral purísima.  Entre ellas so notables las siguientes:

"Considera, hijo mío, que los reinos son de Dios, que los quita y da a quien quiere.  Haz justicia igual a pobres y ricos: sé benigno y clemente con todos los que dependan de ti; que todos son criaturas de Dios.  Castiga sin compasión a los ministros que opriman a tus pueblos y no te canses de granjear la voluntad de tus vasallos, pues en su amor consiste la seguridad del Estado, en el miedo el peligro, y en el odio su ruina cierta."

A estos principios ajustó también su conducta Hixén I, pues vestía con extremada sencillez, se mezclaba a menudo con el pueblo y visitaba a los enfermos sin acompañamiento alguno.
A Hixén I le siguió su hijo Alakén I o Al-Hakam I (796-822), el cual, desatendiendo los sabios consejos de su padre, gobernó por medio del terror, castigando con dureza las rebeliones inherentes a todo principio de reinado.
La más formidable fue la de Toledo.  Para sofocarla fue enviado el severo Amrú, el cual, simulando intenciones conciliatorias, invitó a 400 nobles de la ciudad a un festín, durante el cual los hizo asesinar bárbaramente.  Esta horrible matanza dio origen a la locución de "noche toledana", hoy todavía en uso.
Al-Hakam I vio en 785 como el monarca francés Ludovico Pío invadía y dominaba gran parte de Cataluña, constituyendo con ella la "Marca Hispánica".  Tras apoderarse de Gerona, Ludovico Pío progresó hacia el sur, tomó Casseras, Cardona y Vich, y entre el 801 y el 802 Barcelona cayó en su poder.  La "Marca Hispánica", regida por un marqués dependiente del estado franco, fue el germen de la futura Cataluña.

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