29 ene. 2013

OBRAS ARQUITECTÓNICAS ROMANAS EN HISPANIA

Hablar de obras arquitectónicas romanas sería hablar de faros, acueductos, presas y puentes, canales, cisternas, aljibes, puertos y tantos otros magníficos ejemplos propios de una cultura avanzada y moderna que salpican, allende nuestras fronteras, todos los rincones del vasto Imperio romano.
Hay noticias antiguas que nos hablan de los puertos en la cuenca del Guadalquivir (entre Hispalis y Corduba) o en Ampurias. 
Quizás el ejemplo más notable, decoroso, mejor conservado y, a qué no decirlo, más espectacular de las obras edilicias romanas en la Península Ibérica sea el faro de Brigantium que todos conocemos con el nombre de la Torre de Hércules, sita en la Coruña.  En su origen estaba diseñada de la misma manera que, siglos después, se erigiría la Giralda de Sevilla: es decir, un núcleo de planta cuadrada, con tres pisos de cuatro cámaras gemelas, en torno al cual, merced a una serie de bóvedas escalonadas apoyadas en una caja mural exterior (hoy desaparecida), se enrosca, girando hacia la izquierda, una rampa; arriba existía un cuerpo cubierto por medio de una cúpula hemisférica, todo ello de granito escuadrado.  La obra no era tan monumental como el famoso faro de Alejandría, pero se ha conservado el núcleo interior, con la huella de las bóvedas, y el recuerdo dibujado de la cúpula, además de la noticia de su probable autor, un arquitecto de Aeminum (hoy en Portugal, cerca de Coimbra) llamado Gaio Sevio Lupo, de época de Adriano, que dejó una lacónica dedicatoria a Marte en sus inmediaciones.
Otro faro notable, y seguramente más antiguo, debió ser el que existió sobre la Piedra de Salmedina, en la desembocadura del río Guadalquivir, cuyo nombre, Coepionis turris, aún se conserva en la vecina Chipiona.
Mención aparte merecen las célebres calzadas romanas, tal y como quedó establecida de forma definitiva, salvo reparaciones, en la época de los emperadores italicenses, y que se convirtió en la más perfecta expresión de los beneficios que el Imperio daba a todos los viajeros, pues completando el fundamental tráfico marítimo y fluvial, permeabilizaron las tierras hispanas de manera decisiva para los siglos venideros.  Dentro de las calzadas, eran los pasos sobre los cauces fluviales unos lugares tan singulares que justificarían la transparente etimología del título oficial de los sumos sacerdotes del culto romano por excelencia: los pontífices, que en origen debieron ser unos funcionarios, pronto elevados a categoría religiosa, encargados de cuidar el paso sobre el Tiber.  Por ello no extrañarán las resonancias religiosas que hallamos, implícita o explícitamente, en varios puentes hispanos, manifestadas en epígrafes y edículas, y que debieron ser muy generales, como corriente fue en la Edad Media la tópica denominación de Puente del diablo con que se conoció a muchos de los que legó el Imperio romano a la posteridad.
La nómina de puentes hispanos debió ser elevada, y de ellos quedan bastantes, aunque en su mayoría aparecen tan intensamente transformados que lo único que podemos reconocer como romano es el sitio y una cierta idea general de sus masas constructivas.  Los puentes fueron más útiles y sólidos que espectaculares (nada que ver con el Faro de Hércules o el Acueducto de Segovia), pero la intención propagandística ya apunta en varios de ellos, como nos muestra el puente de la Alcantarilla de Alocaz, de sólo dos ojos y tal vez un arquillo como aliviadero axial, sin tajamar, pero con una magnífica cartela moldurada en la que campeó un rótulo de la mejor factura (por poner un ejemplo).
Ahora bien, el rey de todos los puentes sería el de Alcántara, un puente destinado a durar para siempre que se concluyó en al año 103 d.C., y que todavía hoy presenta un aspecto bastante parecido al original. Una anotación: los romanos no hicieron puentes de ladrillo, de forma que aquellos de Andalucía que los usan son del siglo XVI o posteriores, ni siquiera medievales.  Por lo general, la mayoría de los puentes romanos que se conservan fueron fortificados en la Edad Media y continuamente restaurados después.

2 comentarios:

Maru dijo...

Me fascina la arqutectura, y mucho más cuando en el arte de construir se tienen aspectos como la tecnologia y el diseño moderno en cuenta. Mi gran referente es Jacobo Gordon Levenfeld. He leido mucho sobre el, y la verdad es que cada dia me asombra mas

Maru dijo...

Me fascina la arqutectura, y mucho más cuando en el arte de construir se tienen aspectos como la tecnologia y el diseño moderno en cuenta. Mi gran referente es Jacobo Gordon Levenfeld. He leido mucho sobre el, y la verdad es que cada dia me asombra mas