23 dic. 2012

LA COLONIZACIÓN ROMANA DE HISPANIA (I)

Ubicumque vicit Romanus, habitat.  Esta frase de Séneca puede ilustrar como punto de arranque el más decisivo elemento dentro de los que actúan en el proceso de romanización peninsular.
Aunque la llegada de los Escipiones a la Península en el 218 a.C. está directamente motivada por razones estratégicas, es evidente que, una vez logrado el objetivo de neutralizar a los cartagineses, Roma jamás pensó en abandonar un territorio tan rico en posibilidades.  Y tal decisión sería el punto de partida de un largo período de conquista que se extenderá en el tiempo a lo largo de toda la República.
Puesto que la conquista estaba motivada por razones económicas, es lógico que, al compás del avance de los ejércitos, se organizara la explotación y, para ello, se desplazó desde Italia una corriente progresiva de población civil que tomó en sus manos, de forma oficial o privada, la tarea de aprovechar los recursos económicos que los nuevos territorios ofrecían.  Tan variados como estos recursos eran los estratos sociales y las circunstancias que atrajeron a estos itálicos, pero la consecuencia será clara y unitaria: la paulatina extensión del elemento humano romano en la Península como factor dominante de la explotación económica y sus repercusiones en la transformación de la base económica de amplias zonas de la misma.
Cuando utilizamos el concepto "romanización", a pesar de las precisiones y de los nuevos matices que ayudan a comprenderlo, ganadas mediante una mayor profundización en sus elementos por la moderna investigación, siempre y a pesar de todo se corre el peligro de englobar en el mismo las viejas ideas esteticistas del colonialismo que, por encima de las realidades socio-económicas, trata de subrayar especialmente las connotaciones culturales bajo el principio de una civilización "superior", que, por superpuesta a otra "inferior" -habría mucho que hablar del término "bárbaros" y lo haremos sin duda en un futuro-, termina por anularla.  Este papel cultural y civilizador justifica entonces la explotación e intenta diluirla resaltando sobre todo los beneficios que el pueblo colonizado debe al colonizador (y en esto los romanos eran unos auténticos expertos).
Con respecto al significado socio-económico de la romanización hay que distinguir netamente unos resultados concretos, que se alcanzan de forma irregular tras varios siglos de dominación romana en la Península y que en cualquier caso tienen como consecuencia no sólo la transformación socio-económica, sino también ideológica de sus habitantes, del proceso que conduce a esos resultados.  Y si bien estamos señalando los elementos activos que actúan en dicho proceso, éstos no son igualmente intensos a lo largo del mismo.  Durante el período republicano que, como decimos, coincide con la conquista del territorio, los elementos fundamentales de la romanización nacen en su mayor parte de la propia conquista y de su principal motivación, la explotación económica emprendida por el gobierno de una ciudad-estado con fines exclusivamente imperialistas.  La inclusión de toda la península Itálica, sólo hasta cierto punto, en los privilegios de esta ciudad-estado no hace sino ampliar la base de los explotadores, pero apenas afecta a los territorios colonizados.  Y solamente desde la concepción política de César, frenada durante la dinastía julio-claudia, y retomada por los emperadores flavios y sus sucesores, se trató de transformar los territorios explotados mediante una integración de algunos de sus componentes humanos en la base superior explotadora.


Para saber más puedes leer HISTORIA ANTIGUA DE LAS ESPAÑAS siguiendo este ENLACE


O consultar una obra imprescindible para el conocimiento de nuestra actual realidad: EUROPA: ORIGEN Y JUSTIFICACIÓN, siguiendo este otro ENLACE

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