23 dic. 2012

LA COLONIZACIÓN ROMANA DE HISPANIA (II)

Hasta César, el proceso que llamamos de romanización es sólo en su mayor parte la consecuencia inmediata de la propia conquista, esto es, la explotación de los recursos económicos de laPenínsula, pero las condiciones, características y circunstancias de ambas -conquista y explotación- asentarán, sin una prosecución directa y consciente, las bases necesarias para que pueda producirse los resultados socio-económicos y culturales que entendemos por romanización.  De ahí la importancia que tiene la consideración detenida tanto de las formas de esta explotación a lo largo del período de conquista, como del elemento humano, que la lleva a cabo, sobre el que insistiremos a continuación, y que el primero de ambos puntos será desarrollado al tratar de los aspectos económicos y sociales de la época republicana.
La corriente de población civil itálica que, con los ejércitos de conquista o tras ellos, se desplazó hacia la Península era tan variada en sus intenciones como en su extracción social.  Muchos de ellos, por descontado, ni siquiera eran ciudadanos romanos, pero en su conjunto acudían bajo la protección qeu ofrecía el poder de Roma y, en cualquier caso, pertenecían al ámbito cultural romano.  Se pueen contar muchas causas para una emigración y algunas de ellas se dan en todas las épocas y obedecen a las mismas razones: ansias de gloria, poder o fama; espíritu aventurero, razones políticas, como la de buscar en el exilio un lugar donde salvar vida y fortuna..., pero son sobre todo causas económicas las que arrastran a la inmensa mayoría de los emigrantes.  Desde aquel que trata primariamente de evitar la muerte por inanición ante la imposibilidad de encontrar recursos de subsistencia en su país de origen, hasta aquéllos que buscan mejorar su nivel de vida o invertir un capital con mayor provecho.  Para ello, naturalmente, el país de origen ha de ofrecer unas posibilidades que ejerzan la atracción.  Y precisamente, tanto por las circunstancias económico-sociales de Italia, desde la mitad del siglo II a.C., como por las condiciones de suelo, subsuelo, situación geográfica y panorama político de la península Ibérica, se daban los presupuestos más favorables para que pudiera prender una vasta política de colonización.  No es necesario insistir sobre estas circunstancias: desde mitad del siglo II se hace cada vez más aguda una profunda crisis agraria en Italia que coincide con la explotación por otro lado de un fuerte capitalismo.  Mientras desaparece la mediana y pequeña propiedad, aumentan los grandes latifundios cultivados con mano de obra esclava; al tiempo que l plebe urbana engrosada por campesinos desposeídos se convierte en un Lumpenproletariat, una clase social, los caballeros, inunda con sus negocios todas las regiones mediterráneas bajo el ámbito de Roma.  Del lado peninsular desde muy temprano se conoció, valoró y explotó en consecuencia su riqueza de minerales; ahora que la crisis económica sacude a Italia se reconoce el valor de las fértiles tierras de los valles del Ebro y Guadalquivir.  A esto se añadiría el campo virgen que se ofrecía a los comerciantes e industriales para negociar ante una población indígena menos equilmada que en Oriente y con buenas posibilidades de comunicación.
Es, pues, el logro de beneficios económicos el imán más fuerte que atrae a emigrantes itálicos.  Podemos agruparlos en orden a sus actividades en dos grandes grupos: hombres de negocios y colonos, es decir, quienes persiguen un beneficio directamente a través del estado (publicani) o mediante negocios privados (negotiatores), y aquéllos que buscan en la tierra una fuente de recursos.


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