23/12/2012

ALGUNOS MONUMENTOS DE LA ÉPOCA ROMANA EN HISPANIA

En España se conservan restos importantísimos de toda clase de monumentos de la época romana.  Y ello sin contar el gran número de obras destruidas por el tiempo y el descuido e ignorancia de las gentes.  A este propósito escribió el duque de Rivas:

"Cualquiera que haya recorrido España habrá visto la abundancia de estatuas romanas que se encuentran, más o menos destrozadas, y que sirven de postes, sillares y cantoneras.  Recuerdo que en Carmona hay a la puerta de un mesón, empleado como apoyo, un cónsul de mármol, boca abajo; y durante la guerra de la Independencia vi en un pueblo de Castilla otros tres, empotrados en la pared de la iglesia, a los que la gente llamaba los Santos Patrones".

Entre los monumentos más importantes y mejor conservados descuellan el acueducto de Segovia; el de Farreras, que conducía las aguas a Tarraco (Tarragona), y el de Emérita Augusta (Mérida), notables por el tendido de sus arcos.  Asimismo desctaca el hermoso puente de Alcántara sobre el Tajo, que, como otros varios, sigue usándose en la actualidad.  Este célebre puente, mandado construir por el emperador Trajano, conserva también el nombre de su arquitecto: Cayo Julio Lácer.  Todo el puente es de piedra de sillería.  Y Alcántara, que en árabe quiere decir puente, es el nombre de la ciudad que se fue formando en las cercanías de la famosa obra.
Durante la época romana se construyeron también en Hispania multitud de circos, termas y foros.  Así, por ejemplo, la Caleta de Cádiz, comprendida entre los castillos de San Sebastián y Santa Catalina, fue utilizada para las naumaquias y todavía en los siglos XVII y SVIII se celebraron en ella simulacros de combates navales para divertir al público.
Estas gigantescas obras eran ejecutadas principalmente por las legiones.  En efecto, para que el soldado romano no se enervara en la ociosidad, se le ocupaba en las obras públicas, ya de carácter civil, ya de índole militar (recordemos la muralla que envolvió el recinto campamental de la Legio Séptima Gémina y que no fue otra cosa que la base de la actual ciudad de León).
Uno de los más preciosos restos de fortificación romana que aun nos quedan es el torreón de La Zuda, que forma parte del monasterio de Canoneros del Santo Sepulcro en Zaragoza, el cual es hoy un monumento nacional.
Dignos de mención son también el anfiteatro de Itálica y los teatros de Sagunto y Mérida, en cuya ciudad se han excavado los restos del circo romano.  Sobresalen, asimismo, el monumento funerario impropiamente llamado Torre de los Escipiones, que, como el arco del triunfo de Bará, se halla cercano a Tarragona; los restos de unas termas en Lugo, y de murallas en varias ciudades, más la llamada Torre de Hércules, en La Coruña, que fue el faro más occidental de la época romana. 
En cuanto a los templos, si bien parece que fueron muy numerosos, se conservan escasos restos.  Los mejor conservados son el de Ausa (Vich) y los restos de los cinco excavados en Mérida, más el construido en las cercanías del antedicho puente de Alcántara, alzado en honor del emperador Trajano.
De las estatuas romanas halladas descuellan por su belleza la Diana de Itálica, el fauno de Cádiz, la Proserpina de Mérida y el supuesto busto de Trajano hallado en Tarragona.  En 1905 fue encontrado por un bzo en aguas de Sancti Petri (Cádiz) una estatua de mármol, al parecer del dios Apolo, que llama la atención por la belleza de su factura.  También se han hallado algunos bajorrelieves y, sobre todo, muchos y magníficos mosaicos en Ampurias, Girona, Barcelona, Itálica, Zaragoza, Calanda, etc..., en los  que los artistas romanos reproducían con infinita paciencia cuadros y escenas de diversa índole y complicados motivos ornamentales.  Tiempo tendremos de hablar de esta fantástica y evocadora musivaria.
De todos estos mosaicos el más perfecto podría ser el que representa el sacrificio de Ifigenia (hija de Agamenón, rey de Micenas), hallado en Ampurias.
Los objetos pertenecientes a las llamadas artes menores: cerámica, joyas y otros productos de orfebrería, así como armas, lucernas y los más diversos utensilios de uso cotidiano, forman grandes colecciones en todos los museos arqueológicos de la Península.
Cabe destacar que en época romana había muchas cecas en Hispania.  Hasta 96 cuentan algunos autores, siendo las principales: en la Tarraconense, las de Tarraco, Bilbilis, Calagurris, Osca, Caesaraugusta, Toletum y Cartago Nova.  En la Bética: Córduba, Carteia, Iliberis, Asilo, Gades e Itálica; y en Lusitania, Évora, Emérita y Salacia.
Así se explica que no haya nación que tenga tal número de monedas y medallas de época romana como España.
A la época romana se remontan ya las espadas de Toledo, las manufacturas de Sétabis (Játiva) y la notable cerámica de Sagunto.  Se cuenta que los finísimos pañuelos que usaban las elegantes damas y los ricos senadores en Roma se llamaban setabinos por su procedencia hispana como lo atestigua Catulo.  Igualmente, entre los objetos de la afamada cerámica saguntina figuraban las cimbas, que eran vasos de barro en forma de barco, que contenían gran cantidad de líquido.
Digamos por último que la indumentaria primitiva de los hispanos, que era la celtíbera, modificada ya por la influencia fenicio-helénica, cedió el puesto a la vestimenta romana, cuyo elemento principal era la toga.
Los libros se formaban con tablillas recubiertas de cera (códices), sobre hojas de papiro, y sobre pieles adobadas llamadas pergaminos.  Los instrumentos con que se escribía, eran: el estilo o punzón para las tablillas y el cálamo o caña para el papiro y el pergamino.
Entre las armas figuraban la espada, lanza, falárica, flecha, casco y escudo.  Y entre las máquinas de batir, denominadas ingenios, se contaban el ariete y la catapulta.

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