2 dic. 2012

ÍBEROS Y CELTAS

A pesar de encontrarse en el extremo occidental de Europa, la Península Ibérica recibió desde los tiempos más remotos constantes influencias de diversos pueblos procedentes del resto de Europa y de África, los cuales se establecieron en sus tierras y trajeron a ellas sus culturas, de las que se han hallado restos muy interesantes en España.
De los Íberos existen abundantes testimonios históricos.  Ha de entenderse como genérico este nombre aplicado a varias razas venidas de África, algunas en muy remotas épocas y dirigidas por una dominante.  Se establecieron desde Cataluña hasta Andalucía.  Los íberos se caracterizarn por su cráneo dolicocéfalo y se les describe como gentes de hermosas facciones, piel morena y ojos y pelo oscuros.  Aunque no se les puede aplicar ningún canon psicológico, pues formaban grupos muy complejos, se les considera agrarios, urbanos y poco consistentes.
En la costa oriental de la Península había permanecido el pueblo que penetrando por el Sudeste en el período Neolítico produjo la célebre cultura de El Argar (Almería).
Durante la edad de Hierro fue llamado "íbero" este pueblo del nombre de una de sus tribus, nombre que se extendió de la misma o parecida raza.  También vino a confundirse en la misma denominación de los íberos el pueblo de Tartessos, del que ya hemos hablado, aunque distinto al menos por su superior civilización, que invadió y ocupó la España del Sudeste al final de la Edad del Bronce. 
Además del pueblo tartesio, que ocupaba Andalucía y Murcia, existía en la España cantábrica y sur de Portugal otra gente distinta: el pueblo Ligur.  En las necropolis de la segunda Edad del Hierro, llamada "época ibérica" por el predominio de esta raza, las sepulturas contienen una vasija cineraria al lado de una estela o mojón.  Los sepulcros encierran a veces las armas inutilizadas del guerrero o joyas femeninas.
Los componentes étnicos del pueblo conocido por íberos entre griegos y romanos parece que procedieron del mismo tronco y que fueron llegando a la Península Ibérica en oleadas sucesivas desde edades muy remotas, al modo que se sucedieron los siglos más tarde las invasiones de tribus africanas en tiempos de la dominación árabe.
Por lo que se refiere a los Celtas, eran la raza aria.  Penetraron por los Pirineos occidentales (900-650 a.C.) y después de instalarse en la meseta, quizás hasta el Tajo y el Júcar, Galicia y Portugal, difundieron por la Península la metalurgia del hierro.  Durante su invasión fueron arrinconados los ligures en el Norte y en el Suroeste, y provocó inmediatas repercusiones en orden a algunos factores materiales y culturales.
Los antropólogos distinguen entre los celtas dos tipos, braquicéfalo uno, de hombres de pequeña estatura, y dolicocéfalo el otro, de elevada talla.  todos hablaban una lengua del tronco indogermánico.  Se dedicaban al pastoreo y se alimentaban de los productos de sus ganados.  Aunque vivían los más en aldeas abiertas, solían reservar para su refugio en épocas de guerra algunas ciudades fortificadas, o castros.  Hombres rudos, rústicos y violentos conocían y trabajaban el hierro y propagaron la cultura de las dos épocas de esa edad. En determinados lugares los celtas impusieron una casta guerrera sobre un pueblo de tranquilos agricultores, mientras otros se fusionaban con los indígenas.

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