30 nov. 2012

LA CULTURA DE LOS CAMPOS DE URNAS

En torno al siglo XII, los dorios, denominados genéricamente como "pueblos del mar", destruyen micenas y hostigan a Egipto; el imperio Hitita comienza su decadencia y los aqueos destruyen Troya.  Las causas de estos violentos cambios, a veces atribuidas a excepcionales fenómenos naturales, no han sido determinadas con claridad.
Lo que sí es evidente, es que se produce un cambio de costumbres y de cultura material, y que todo ello se atribuye a movimientos de los llamados pueblos de "los Campos de Urnas", considerándolos indoeuropeos que van avanzando hacia el Mediterráneo.
Los Campos de Urnas son necrópolis en las que se entierran urnas funerarias, generalmente globulares o bicónicas, aunque hay muchas variantes, en las que se depositan los retos incinerados del difunto, junto con el ajuar.  En ocasiones se intercalan con inhumaciones de la anterior "Cultura de los Túmulos", generalmente en cementerios de larga duración.
La idea de la incineración como rito funerario no es nueva, ya que desde la cultura calcolítica húngara de Baden o la del Bronce Antiguo de Kisapostag, se conoce este rito.  En el sur de la antigua Yogoslavia hay una larga tradición de incineración bajo túmulo, con objetos metalúrgicos similares a los Centroeuropeos, como por ejemplo en Glanisac (Bosnia), y en el Bronce Medio se usan ambos ritos funerarios en bastantes regiones.
Lo nuevo es su uso masivo en un área geográfica que abarca toda Europa central, desde el Báltico hasta el sur de los Alpes, y desde el Danubio medio hasta las zonas interiores de las regiones atlánticas, llegando incluso a Cataluña y Aragón, en la Península Ibérica.
Durante bastante tiempo se creyó que hubo una migración Lusaciense que invadió Europa, procedente del oeste de Polonia y el este de Alemania, y también se habló de migraciones céltico-ilirias; en resumen, impactos de gentes con diferentes procedencias.
En la actualidad, a pesar de las evidencias de que los grupos clásicos del sur de Alemania se extienden en oleadas sucesivas hacia el sur, oeste y noroeste, se cree en una cierta continuidad y una asimilación gradual de las nuevas costumbres, más que en "invasiones" propiamente dichas o transformaciones radicales.  De hecho, los Campos de Urnas ocupan prácticamente el mismo territorio que las anteriores gentes de la Cultura de los Túmulos y tienen la misma base económica y asentamientos similares, en muchosd e los cuales no se observa ni siquiera una ruptura estratigráfica.

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