9 nov 2012

POSTPALEOLÍTICO AMERICANO

Con el paso del tiempo, la fauna y la flora influyeron en nuevas formas culturales que, con frecuencia, constituyeron meras supervivencias de las etapas anteriores. Los ritmos temporales y de evolución son muy variados.  Al producirse la "neolitización", primero en México y luego en Perú, en sus respectivos territorios desaparecen antiguos grupos, pero en otros lugares se dan las que se ha llamado "culturas arcaicas" de los Estados Unidos o en zonas marginales de Sudamérica., y que pueden considerarse formas de vida mesolíticas que han llegado hasta tiempos más recientes.  Esta marginalización se dará igualmente de las culturas de Mesoamérica y los Andes.  
En Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, persisten, con muy pocos cambios, las formas culturales paleolíticas en plena evolución.  Reciben la denominación de "culturas arcaicas".  Hacia el 3.500 a.C. la especie antigua del bisonte desapareció y fue sustituida por la actual.  La fauna pastaba en las extensas praderas, como demuestra la Palinología.  Los cazadores de este período crearon nuevos tipos de puntas de proyectil (derivadas de los antiguos modelos de Clovis y Folsom), con ciertos modelos que hay que considerar ya como puntas de flechas para arco.  Les acompañan gubias, mazas, vasijas de piedra, propulsores, hachas pulimentadas, muelas y utensilios de hueso. Las etapas más recientes utilizan cobre trabajado a martillo.  Los principales grupos regionales son, entre otros, los de Ohio, Illinois, Missouri, montes Ozarks y Bajo Mississippi.  La cronología de estos cazadores rondaría entre el 7.000/6.000 a.C. y el 2.000/1.500 a.C.
La Cultura del Desierto ocupa la Gran Cuenca de los Estados Unidos (Nevada, Arizona, Nuevo México y Texas), extendiéndose al noroeste y centro de México, incluida la Baja California.  Sus portadores desarrollaron un género de vida en el que tenía parte importante la recolección, que se complementaba con la caza y la pesca.  El utillaje, por ello, incluye piedras de moler y manos de mortero, junto con vestigios de utensilios cinegéticos y redes.  En California y Baja California aparecen en las costas los primeros concheros.  Cabe destacar el hallazgo de la cueva Danger (Utah), a orillas de un lago que presenta claramente la evolución de esta cultura.  Su fase más antigua se remontaría en torno al 8.000 a.C. y tiene piedras de moler, leznas de hueso, restos de cestería, algunas puntas de proyectiles, núcleos y lascas.  Sus habitantes cazaban bisontes, ciervos y antílopes (cuyas carnes desecaban) y comían, además, bellotas, nueces, piñones, raíces y bulbos.  En Arizona, Nuevo México y varios estados del norte de México la cultura del Desierto recibe el nombre de Cultura Cochise.  En las regiones más meridionales se hace menos característica.  Así ocurre en Chicolapan (lago Texoco, México), con muchos indicios del consumo de vegetales entre el 5.000 y el 4.000 a.C.

En Centroamérica se sabe poco de esta etapa.  Contemporáneo de las fases finales de la cultura del Desierto, pero sin contactos con ella, es el conchero de Cerro Mangote (Veraguas, Panamá), con sepulturas, diversos utensilios en piedra, algunos de hueso y cuentas ornamentales de collar de concha de molusco.  Para los niveles más antiguos hay una datación radiocarbónica del 4.800 a.C.

En Sudamérica la diversificación postpaleoelítica es mucho más acentuada y algunos de sus grupos sobreviven hasta tiempos que cabe calificar como "históricos".  En las regiones andinas de Perú, Bolivia, Argentina y Chile, existe en esta época un clima más húmedo que el actual y los cazadores frecuentaban las comarcas cercanas a los "salares", antiguos lagos desecados en cuyo entorno proliferaba abundante fauna.  Estos cazadores poseen diversas formas de puntas de proyectil específicas.  En el alto Paraná, por ejemplo, los cazadores-recolectores se hacen también "plantadores". En esta región se desarrolló un facies singular que se llamó Altoparanense y que se extiende a Río Grande do Sul, Paraguay, Mesopotamia y la provincia de Misiones, en Argentina.  Lo individualizan los picos o "clavas" de piedra, ligeramente curvas, que parecen de tradición "protolítica", pero acaso se aplicaban a una agricultura muy rudimentaria.
Y es que, aprovechando el nicho ecológico favorable, los altoparanenses pasaron de la recolección intensiva a una proto-agricultura manifiesta.  El Altoparanense clásico se sitúa entre el 6.000 y el 3.000 a.C., tiene otra fase entre el 3.000 y el 2.000 y hacia el 1.000 ya posee cerámica, entrando de lleno en un Neolítico marginal.  Este paso de la recolección a una primera agricultura también se produce en las costas septentrionales de Perú, Ecuador y Colombia.  Pero, en general, las demás zonas sudamericanas tienen formas culturales retardatarias que persisten a ritmos muy distintos.
En las regiones andinas antes indicadas son frecuentes los yacimientos al aire libre y las puntas de proyectil se emparentan todas con los tipos de la hoja de sauce.  La estratigrafía de la Cueva de Lauricocha presenta en su primer Horizonte los tipos que son su antecedente con una datación del 7.500 a.C.  En los Horizontes siguientes las puntas evolucionan hacia el tipo Ayampitín.  Al mismo Horizonte I de Lauricocha corresponderían los yacimientos de Callavallauri, Huancayo e Icuña (tierras altas de Perú y departamento de Puno).  En la región de los "salares", puna argentina y desierto de Atacama, también abundan este tipo de hallazgos que corresponden a cazadores-recolectores que cazaban guanacos, ciervos y animales pequeños.
En la zona central argentina, sus habitantes postpaleolíticos perfeccionan la punta de proyectil, denominada aquí Punta Ayampitín (lugar epónimo en la Pampa de Olaén, provincia de Córdoba), de forma de hoja de sauce lanceolada, bifacial y gruesa, que llegó a tener gran difusión.
Además el Ayampitiense se encuentra en el noroeste argentino (valles de Santa Maria y de Hualfín, Catamarca), La Rioja (El Totoral) y San Juan.  En la región pampeana, en Carcarañá, cerca de Rosario, se halló un depósito ce piezas bifaciales, no fechado.  Más al sur, los hallazgos de puntas lanceoladas son esporádicos.
En el norte de Chile cabe mencionar la cultura de San Pedro de Atacama (Tutlán, Puripica), en la que las puntas de flecha de tipo Ayampitín se encuentran con vestigios de casas que atestiguan cierta sedentarización.  En Bolivia, el Ayampitiense llega a la región de La Paz, donde recibe el nombre de Viscachanense II.  Pero es que estas puntas llegan incluso hasta Venezuela, donde reciben el nombre de El Jobo (región de Coro).  Aquí son más antiguas, ya que fragmentos de las mismas fueron excavados en asociación con restos de mastodonte en el sitio de Taima-Taima.
La cultura de Ayampitín evoluciona hasta constituir el Ongamiriense (epónimo de un yacimiento de la provincia de Córdoba), también llamado Ayampitiense II, que inicia su andadura hacia el 4.000 a.C. y perdura en Argentina hasta que surgen, poco antes del cambio de era, las culturas agrícolas poseedoras de cerámica.
Entre el VI y el IV milenio a.C. sobreviven y evolucionan otras formas culturales que no poseen puntas de proyectil.  En Argentina estas etapas reciben diferentes nombres: Tandiliense (Tandil, Buenos Aires) y Riogalleguense (río Gallegos, Patagonia), ambos con una industria de lascas y algunos toscos bifaces más o menos amigdaloides.  También tenemos el Jabaliense (isla de Jabalí y península de San Blas, entre los ríos Colorado y Negro), poseedor de toscos choppers y de edad poco precisa.  Todo ello incluidas formas aún menos definidas.  Este es el caso del Catalanense y el Cuareimense, en Uruguay.  En la costa, algunos yacimientos de este período tienen la forma de concheros, como los riogalleguenses de Punta Medanosa y sobre todo en las islas y los canales magallánicos.  A través de fases diversas, esta peculiaridad de la vida litoral de los canoeros llegará hasta sus descendientes modernos.  En la Patagonia continental surge después del 1.000 a.C. el Tehuelchense (cazadores llamados "indios a pie" que hacia el 1.700 de la era moderna adoptan el caballo por influencia europea).  
En el territorio magallánico de Chile una variante de la cultura de la concha/cuchillo, definida por unos cuchillos raspadores fabricados con valvas de moluscos hace su aparición.  Su utillaje se completa con arpones, leznas y punzones de hueso, así como adornos de concha.  Hay que subrayar la importancia del uso de canoas elaboradas con corteza de árbol (de las que reciben su definición étnica). En tiempos recientes -desde el siglo XVI- sus descendientes son los yámanara y los alaklufos.

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1 comentario:

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