7 nov. 2012

LOS PRIMEROS POBLADORES DE AMÉRICA

Desde que llegasen las tres naves de Colón al mal llamado "Nuevo Mundo", mucho se ha escrito en torno a la cuestión del origen de sus pobladores.  Sobra decir que los casi quinientos años de historiografía al respecto arrojaron incontables teorías, la mayoría de las cuales deberían, como mínimo, ser consideradas como disparates: desde el tema de los orígenes bíblicos de la dispersión de los hijos de Noé, defendida por Arias Montano en 1593, o las diez tribus perdidas de Israel (que todavía hoy defienden los mormones), a la llegada por mar de púnicos, egipcios, griegos o germanos, pasando por las raíces tártara o china (más cercana a la verdad).  A partir de los últimos años del siglo XIX, la Americanística es una ciencia en proceso de consolidación que arroja las primeras teorías verosímiles sobre el origen de los pueblos americanos.  Rechazada por completo la tesis sobre el origen autóctono expuesta por el paleontólogo argentino Florentino Ameghino (1854-1911), pronto aparecieron las teorías "modernas".  De este modo se llegó a la conclusión -ampliamente admitida aunque con matices- de que el primer poblamiento americano se produjo a través de lo que ahora es el estrecho de Bering durante la glaciación de Wisconsin.  Esta tuvo una duración larga, y lo que ahora se investiga es en qué  momentos de la misma hubo hombres que pudieron realizar el paso de uno a otro continente.  Lo que resulta evidente, incluso obvio, es que se trató de gentes que disponían ya de un dominio sobre el fuego, precioso elemento que resultaba imprescindible para permitirles la supervivencia en las tierras subárticas situadas entre Siberia y Alaska.
Al igual que el Viejo Mundo (discúlpeseme el chovinismo), este enorme escenario geográfico que es América sufrió las diversas mutaciones que caracterizaron todo el período Pleistoceno (entre el 1.800.000 y 8.000 a.C.).  Por ejemplo, el territorio de la actual Canadá estuvo cubierto por una colosal masa glaciar cuyos avances y retrocesos han permitido a los científicos definir  cuatro ciclos glaciares que reciben los nombres de Nebraska, Kansas, Illinois y Wisconsin (y los correspondientes interglaciares: Altoniense, Yarmouth y Sangamon).  Es, sin duda, un proceso climático semejante al europeo, pero con un cierto desfase que hace que el pleno Holoceno llegue algo más tarde a América del Norte.
Los distintos descensos del nivel del mar en los períodos más gélidos -movimientos eustáticos- hicieron que quedara abierto en el poco profundo mar de Bering el que se ha llamado puente de Beringia, espacio que sería ampliamente utilizado por la fauna y también, como queda dicho, por el ser humano.  Más de cuarenta especies animales pasaron de Asia a América (entre otros, el mamut, el reno/caribú, el bisonte, el toro almizcleño y el alce) y una decena hicieron el camino inverso (entre ellos los antepasados del camello, el lobo, el zorro, la marmota y -¡ojo!-el caballo.  El puente de Beringia tuvo que estar abierto durante largos períodos y contener la vegetación esencial para la supervivencia de aquellos animales, por ejemplo los árboles para las marmotas.  Se entiende que, en su dependencia de los animales, el cazador primitivo también transitó por aquel espacio buscando los territorios costeros de la Columbia Británica y lo que ahora serían sus archipiélagos.  Además debió abrirse el llamado corredor continental libre de hielo, en las actuales provincias canadienses de Alberta y Saskatchewan.  Y no hay que obviar ni excluir la probable utilización de otro puente, el que forman las islas Aleutianas, que abren directamente el camino desde la península de Kamchatka a los archipiélagos americanos de la costa del Pacífico.
En este inmenso y complejo escenario, siempre en busca de nuevos territorios de caza, los grupos poblacionales realizarían una constante penetración en el sentido norte-sur.  En el norte, el camino de la costa llevaba directamente a las tierras de Oregón y a la templada California.  El "corredor continental" abría el paso hacia las grandes llanuras del centro de los Estados Unidos.  Salvado el actual istmo de Panamá, más hacia el sur, se abrían cálidas tierras desconocidas con nuevas posibilidades.  También aquí el estrecho corredor entre el Pacífico y los Andes parece que fue la principal vía de penetración.

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