6 nov. 2012

LOS ENTERRAMIENTOS INDIVIDUALES EN LA EDAD DEL BRONCE

Una de las novedades de la Edad del Bronce es la progresiva generalización de los enterramientos individuales, lo que no excluye la reutilización de algunos sepulcros megalíticos. Este abandono del ritual colectivo por el individual se generaliza en toda Europa occidental desde finales del Calcolítico y se interpreta como consecuencia de cambios ideológicos y sociales en los que se prima la individualización de la persona y la familia nuclear como unidad social básica, frente al reconocimiento de lo colectivo y de los lazos de parentesco más amplios de las etapas anteriores; además la asociación de ajuares a un individuo concreto parece que se utiliza no sólo para expresar las características y funciones según edad y sexo, sino también el estatus social dentro del grupo, bien adquirido en vida o bien adscrito por nacimiento.
En la cultura de El Argar, los enterramientos individuales son la fórmula exclusiva y se realizan en el interior del poblado, generalmente en el subsuelo de las casas, renunciando por lo tanto a cualquier intención de monumentalidad y visibilidad después del entierro.  No obstante, la reciente excavación de Peñalosa (Jaén) ha proporcionado una diversidad de lugares de enterramiento, pues además de los practicados en el subsuelo, algunos se cubrieron por una especie de banqueta que se utilizaba como vasar, otros se realizaron en espacios de la casa que quedaban inutilizados, mientras que en un caso, el enterramiento más rico se practicó en una estructura de mampostería relativamente grande en una estancia específica.
La inhumación, en posición encogida, se realizaba en fosa, cista, covacha o urna -pithos-, habiéndose considerado durante un tiempo este último tipo de origen egeo.  Estas diferencias se utilizaron por algunos arqueólogos con criterio cronológico, considerando las cistas más antiguas y las urnas más recientes.  Según otros investigadores, el uso de cualquiera de las modalidades se explica más por las tradiciones o preferencias locales en cada área, aunque en algunos casos se pueden documentar varias modalidades en un mismo poblado y la elección de una u otra puede relacionarse con cuestiones sociales, de riqueza o de edad; así, las urnas suelen utilizarse más a menudo para enterramientos infantiles.
Es notable destacar la diferencia de ajuares por sexos.  Así, hay objetos concretos, como la espada y la alabarda, que aparecen en los enterramientos masculinos y el punzón lo encontramos entre los ajuares femeninos, mientras que el puñal y determinados objetos de adorno pueden aparecer en ambos.  La presencia de ajuares ricos también asociados a los enterramientos infantiles se interpreta como una expresión de estatus social.
Se ha llegado a proponer una clasificación en cinco categorías correspondiente a cuatro clases sociales.  en la clase dominante los ajuares que encontraríamos serían los más ricos, casi todos masculinos, con alabardas, espadas, diademas, piezas de oro y vasos bicónicos, mientras que otros ajuares ricos, muchos de ellos femeninos y alguno infantil, tienen plata, pendientes, anillos, brazaletes y el tipo cerámico de copa y puede aparecer el puñal y el punzón.  Los miembros de pleno derechos tendrían en sus ajuares puñales y punzones para las mujeres y puñales y hachas para los hombres, pudiendo aparecer algo de cerámica y algún otro objeto suelto.  Los servidores presentarían en sus ajuares algún objeto metálico y alguna cerámica.  Por último, los esclavos carecerían de ajuar.

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