7 nov. 2012

LOS PRIMEROS POBLADORES DE AMÉRICA (II)

Sabemos que los primeros pobladores de América poseían una tosca industria lítica que se asemeja a las encontradas en Asia oriental, aunque debemos subrayar la práctica ausencia de hachas de mano.  Conocemos que eran grupos humanos dedicados a la caza y recolección cuyas formas de vida evocan de algún modo las tradiciones y modelos del Paleolítico Inferior y Medio de Europa.  En los Estados Unidos se citan unos cuantos yacimientos con fechas anteriores al 25.000 a.C., muchos de ellos cuestionados.  Pero es en California donde se sitúan cuatro que parecen ser, por el momento, los mas antiguos encontrados en el continente americano.

CALICO MOUNTAINS.  Es una zona desértica, a unos 200 km al este de la ciudad de Los Ángeles.  Presenta una industria lítica de lascas y toscos utensilios con tendencia a formas de bifaces.  El conjunto es atribuido a los comienzos de la glaciación de Wisconsin (80.000-50.000 a.C.).
CHINA LAKE.  En la vertiente meridional de Sierra Nevada, a unos 200 km del yacimiento anterior.  En las orillas de lo que otrora fue un lago se halló una industria lítica de grandes lascas asociadas a huesos de mamut (42.000 a.C.).
MISSION VALLEY.  En la periferia oriental de la ciudad de San Diego.  En las terrazas pleistocenas de este lugar se ha encontrado una industria lítica de tipo arcaico cuya antigüedad se acercaría a los 100.000 años (si bien todavía hoy se cuestiona la datación).
WOOLEY MAMOUTH, en Santa Rosa.  Las islas de la California meridional estuvieron en épocas muy antiguas unidas al continente, lo que permitió la llegada del mamut.  Al convertirse en islas, este animal disminuyó en su tamaño, siendo entonces objeto de caza de los primeros amerindios.  Se han encontrado allí industrias arcaicas asociadas con los restos de dicho animal, con hogares que se fechan entre los 40.000 y los 25.000 años.
A las antedichas habría que sumar una cueva en el sur de Nuevo México llamada Pendejo Cave, cerca de Orogrande, que ha proporcionado niveles con industria tosca y fauna extinguida que se remontarían 50.000 años en el tiempo.
En las regiones más septentrionales únicamente se pueden señalar dos yacimientos muy antiguos que podrían testimoniar las primeras migraciones.  Ambos se encuentran en el valle del río Yukon (extremo noroeste de Canadá).  Se trata de Old Crow, donde se encontró un instrumental óseo elaborado con huesos de animales extinguidos (40.000-25.000 años) y Bluefish Cave, con restos líticos y óseos con una tradición tecnológica que demostraría la adaptación de los humanos a las difíciles condiciones ambientales del territorio circundante en los 15.000 últimos años del Pleistoceno.
En México existen otros hallazgos que se remontan a etapas primigenias.  Tenemos por ejemplo el de El Cedral (San Luis de Potosí), con ocho metros de estratigrafía, cuyos niveles más profundos contienen fauna extinguida junto con elementos materiales líticos (flechas datadas en más de 30.000 años). Tlapacoya-Zohalpico (en el Distrito Federal) sito a orillas de un antiguo lago ofrece una estratigrafía todavía más completa y una riquísima fauna en la que la primera presencia humana se data en torno al 20.000 a.C.  En la región de Puebla tenemos los yacimientos de Valsequillo, con secuencias de niveles fechados entre el 33.000 y el 20.000 a.C.  Y no podemos obviar, en la Baja California, el yacimiento de Chapala, donde los materiales líticos recogidos en superficie de lo que antiguamente serían lagos o lagunas muestran industria de fechas anteriores al 30.000 a.C.
El número de yacimientos sudamericanos va aumentando gracias a las excavaciones e intervenciones en curso que proporcionan nuevos nombres y datos.  No profundizaremos aquí en todos ellos.  Baste con mencionar que los que, por ahora, cuentan con dataciones más antiguas serían los de Monte Verde y Pedra Furada, también con niveles del 30.000 a.C.  En el área de Sâo Raimundo Nonato (Piauí, Brasil) encontramos varios yacimientos arqueológicos con pinturas rupestres, donde destaca el de Toca do Boqueirao da Pedra Furada, con cuatro fases que se desarrollan incluso en el 48.000 a.C. y llegan hasta el 11.000 a.C.  Su industria incluye perforadores, denticulados, lascas retocadas, raederas, cuchillos, raspadores y cantos preparados.  Del lugar de Briotorcido proceden los restos de una mujer que se ha fechado en torno al 10.000 a.C.
Resumiendo, aunque los yacimientos son pocos -un centenar aproximadamente-, esto es debido a la falta de  intervenciones por parte de los arqueólogos más que por la inexistencia de los mismos.  Sabemos que el ser humano llegó hasta los mismos confines del continente americano en fechas razonablemente tempranas (hay restos protolíticos en la Patagonia).  Cabe destacar, y no es tema baladí, que los hombres que crearon aquellas industrias anteriores al 30.000 bien podían ser neanderthaloides, de los que, hasta el momento (y es curioso) no se ha encontrado ningún resto.  Se ha especulado, no obstante -y este tema resulta más que apasionante- que hacia el 30.000 a.C. pudo existir una oleada étnica australoide, pues gentes de este tipo pudieron vivir en el nordeste de Asia antes de la gran expansión de la raza mongoloide.  Las oleadas consecutivas, y seguramente las más numerosas, fueron mongoloides.  Los esquimales -o inuit, para ser más exactos- fueron los últimos en cruzar el estrecho de Bering y por ello se convierten en los amerindios de apariencia más mongólica y el principal elemento que configuró definitivamente la población de la América precolonizadora.
Dicho de otro modo: es más que evidente para los investigadores que existieron grupos étnicos diferenciados y que la deriva genética provocada por la endogamia en linajes influyó considerablemente.  A partir de ellos, el aumento demográfico derivaría en la formación de contingentes con unas características que reproducirían las peculiaridades de aquellos pocos antepasados remotos.  Si a ello se le suma la adaptación medioambiental, el complejo problema racial de los primeros pobladores de América queda sucintamente explicado.


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