6 oct. 2012

LAS ARTES PLÁSTICAS DURANTE EL FRANQUISMO I: LA ARQUITECTURA.

El estudio de las artes plásticas es uno de los más delicados si se pretende conocer en su totalidad la historia de un país en cualquier época determinada.  Si esto era visible en la literatura, se hace meridiano en este tema.  Si entender la construcción de las grandes catedrales góticas de la Baja Edad Media sólo es comprensible a través del conocimiento de la existencia de una burguesía mercantilista y urbana que, escasa de espíritu de empresa, iba a amortizar sus beneficios del comercio en las grandes construcciones monumentales, de igual modo tendremos que enfocar el problema para el estudio de las artes plásticas durante el franquismo.
La preponderancia de los conceptos que miraban al pasado y la influencia de las ideas y cultura ítalo-alemanas en el país durante la década de los cuarenta hacen que los proyectos y las realizaciones de este momento busquen la grandiosidad de las obras alemanas e italianas de la década de los treinta, intentando un reencuentro con los mejores valores patrios y con la genuina "pureza de raza". Esto no es achacable solamente a este período, no nos equivoquemos, sino que constituye algo tradicional, como se observa en la distinción entre cristianos viejos y nuevos durante mucho tiempo de la historia de las Españas.
Surgen obras como el Ministerio del Aire, de Luis Gutiérrez Soto; la Cruz del Valle de los Caídos, del vasco Muguruza; la Universidad Laboral de Gijón, de Luis Moya...
Por otro lado, casi la única posibilidad de trabajar en estos años es hacerlo para los organismos oficiales, que determinan el tipo de arquitectura.
La reconstrucción de buena parte del país estará a cargo de la Dirección General de Regiones Devastadas, que distribuyó por toda la geografía española un modelo de pueblo, tomando como inspiración casi única la arquitectura rural de los siglos XVI y XVII.
Mientras, en Madrid -aunque no sólo en Madrid- se vuelve a descubrir otra posibilidad de enlazar con el pasado imperial y se hace una arquitectura inspirada en los Austrias (fachadas de ladrillo, techos de pizarra, cornisas, molduras...).
Miguel Fisac, ya en la década de los cincuenta, romperá con estas corrientes e introducirá nuevas formas e ideas arquitectónicas a través de sus iglesias (Valladolid, Madrid, Vitoria...).
Sin embargo, el problema del arquitecto, abocado a buscar un hábitat adecuado para el hombre moderno, tropieza con la dificultad de trabajar financiado por un capital cuyo objetivo no es otro que obtener la máxima rentabilidad de un suelo sometido a una fuerte especulación.  No faltan, sin embargo, figuras renovadoras en este campo.  Entre ellas debemos destacar por su trascendencia internacional la de Leoz, creador del famoso módulo "L".

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