16 oct. 2012

LA VIDA EN EL PALEOLÍTICO

Un 24,5% de los hombres de neanderthal morían antes de cumplir los catorce años de edad, un 64% entre los quince y los cuarenta años, llegando el resto hasta los 41-60 años de vida. Se ha calculado que la población aproximada de toda la Península Ibérica en el momento de máximo apogeo del paleolítico superior (que correspondería al Magdaleniense cantábrico y al Epigravetiense o magdaleniense pleno levantino) sería de unas 30.000 personas.  Contando los niveles de ocupación de los yacimientos peninsulares se ha llegado a la conclusión de que se dio un sensible aumento demográfico en la población a lo largo del paleolítico superior.
La fuerte tendencia a ocupar cuevas o abrigos en las franjas próximas al litoral o a no sobrepasar, en el interior, las cotas de los 500 metros de altitud tuvo algo que ver en todo ello.  Casi las dos terceras partes de los yacimientos de Asturias y Cantabria, de hecho, se sitúan a menos de 100 metros sobre el nivel del mar, resultando que solamente una quinta parte se ubicaría en un medio alto de montaña o valle.
Las variaciones climáticas influyeron en la composición de la población animal y en la obertura vegetal que nuestros antepasados tuvieron que afrontar.  La especialización cinegética o el cambio en las actividades preferentes del grupo tribal fueron indispensables en el desarrollo (acopio de materias primas, caza, recolección, pesca y marisqueo).  La trashumancia anual de las manadas de ungulados (ciervos, renos...) y los ciclos de mareas vivas en las zonas litorales, así como los períodos de crecimiento y fructificación de las especies vegetales, temporadas de lluvias o nevadas persistentes, así como los cambios climáticos de larga duración, entre otros factores, determinaron el sedentarismo o no y la insoslayable necesidad migratoria de los grupos humanos.
En la zona cantábrica son frecuentes las acumulaciones de conchas de moluscos.  El sílex, en cambio, sabemos que fue obtenido en afloramientos distantes, lo cual podría indicar un incipiente comercio o la tendencia delos pueblos cazadores-recolectores a reunirse en lugares de designación tradicional.
El hábitat prolongado se centraba en la embocadura y en la zona vestibular de las cuevas, donde de algún modo llegaba la influencia de la insolación como fuente de luz y de calor.  Los yacimientos de función especializada y de ocupación estacional, sin embargo, sí que llegaron a estar en cavidades incómodas (por su estrechez o mala orientación), aunque siempre muy cerca de donde eran abundantes los recursos que se pretendía explotar.
Sabemos que el sílex fue la materia fundamental en la industria de la piedra tallada durante el paleolítico superior.  El uso del sílex corría paralelo al desarrollo cultural, así como al uso de otras rocas.  La extracción de lascas cada vez más esbeltas abocó al uso masivo de láminas u hojas, el cual se completó con la generalización de la leptolización (esbeltez de los productos) o microlitización (reducción de las dimensiones) del material lítico.
También se emplearon utensilios óseos, como astas de cérvidos, huesos de mamíferos e incluso de aves, o conchas de moluscos.  
La mayor parte de los utensilios fueron empleados como armas de caza y pes (azagayas, puñales, varillas, arpones...), que suman en total más de la mitad de los productos líticos encontrados hasta la fecha. Otras pudieron destinarse al ornamento personal.
Obviamente esta apreciación es parcial, dado que no quedan testimonios de objetos fabricados en madera o fibras vegetales (como redes de pesca), pero se supone que se elaborarían mangos, astiles para instrumentos y armas, mazas y venablos, así como recipientes de cestería o cuerdas, etc.

Para saber más puedes leer HISTORIA ANTIGUA DE LAS ESPAÑAS en este ENLACE (zona euro) o seguir este otro ENLACE (resto del Mundo)

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