16 oct. 2012

ARTE PALEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA (I)

Ya en el siglo XIX era conocido e identificado el arte mueble paleolítico en yacimientos franceses.  El arte rupestre o parietal, sin embargo, fue descubierto por un santanderino, Marcelino Sanz de Sautuola que, desde 1875, excavaba en la cueva de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria).  Fue precisamente en aquel año cuando vio, aunque sin darle excesiva importancia, las figuras de color negro de la última galería.  En el verano de 1879 descubrió el gran techo de bisontes polícromos que todos conocemos y que valoró como obras de arte de los hombres del Paleolítico Superior que habitaron el vestíbulo de la cueva en la que él estaba excavando.
A pesar de que los conocimientos de la época justificaban la veracidad de estas pinturas, la autenticidad de las mismas fue negada por los autorizados investigadores franceses del momento.  Sin embargo, las reticencias de los científicos no tardarían en ser acalladas por un joven investigador de la universidad de Toulouse, Emile Cartailhac, que si bien había comenzado negando la autenticidad de las pinturas, tuvo que rectificar su punto de vista tras los descubrimientos que sobrevendrían en Francia y las observaciones de la mayor eminencia del momento, el joven sacerdote Henri Breuil (1877-1961), quien realizaría a lo largo de sesenta años las mayores aportaciones al estudio del arte del Paleolítico Superior, tanto en Francia como en España.  Fue precisamente Breuil el descubridor de las magníficas cuevas de Les Combarelles y Font-de-Gaume en Dordoña.  En 1902 organizó una visita con distintos investigadores a Altamira, entre ellos el doctor Cartailhac, quienes rectificaron sus primeras apreciaciones y pusieron en valor el descubrimiento de Sautuola.  De aquella expedición salió un texto del profesor de Toulouse titulado La grotte d'Altamira, mea culpa d'un scéptique, en el que reivindicaba la memoria de Marcelino Sanz, el legítimo descubridor de las pinturas.
Dio comienzo entonces una etapa de grandes descubrimientos en el área cantábrica, de la mano de Hermilio Alcalde del Río, director de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, y su compañero, el sacerdote Lorenzo Sierra.  Entre ambos hallaron las cuevas de El Castillo, Covalanas, La Haza, Hornos de la Peña y El Pindal.  Llegaron incluso a colaborar con el padre Breuil en la publicación en 1911 -año en que se descubrió la cueva de La Pasiega- del arte de estas cavidades: Les cavernes de la région cantabrique.
Simultáneamente también en Francia se producían numerosos descubrimientos; era como una fiebre arqueológica en la que un grupo de hombres comenzaron a desentrañar los secretos que las cuevas contenían de nuestro pasado más lejano.
Pero no sólo en la cornisa cantábrica se realizaron actuaciones.  El abate Breuil estaba estudiando, precisamente en 1911, la cueva andaluza de La Pileta y entre 1929 y 1931, Luis Pericot Garcia excavó en la región valenciana la cueva de El Parpalló, en la que encontró varios miles de plaquetas con grabados y pinturas, conjunto que sigue siendo el más importante y representativo del arte mueble de la Peninsula Ibérica.  Algo más tarde, en 1934, Juan Cabré y Aguiló estudió las pinturas de la cueva de Los Casares, en Guadalajara.
Pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando tuvo lugar el mayor descubrimiento de todos.  Nos referimos a la cueva de Lascaux en Dordoña (Francia), cuyas impresionantes pinturas rupestres rivalizaban de igual a igual con las encontradas en Altamira.
A fecha de hoy sigue constando que el arte parietal paleolítico tiene sus principales manifestaciones en Francia y España, con tres densos núcleos que corresponden al Perigord-Dordoña, los Pirineos franceses y la región cantábrica española.  Iremos profundizando en el conocimiento de la parte española de este arte en las siguientes entradas de este blog.

Para saber más puedes leer HISTORIA ANTIGUA DE LAS ESPAÑAS siguiendo este ENLACE (zona euro) o bien este otro ENLACE (resto del Mundo)

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