17 oct. 2012

LA VIDA EN EL PALEOLÍTICO (II)

Solemos tener una imagen idealizada de las actividades cinegéticas del hombre prehistórico.  Sabemos que la población animal durante el Magdaleniense peninsular era lo suficientemente variada y abundante como para cubrir sobradamente las necesidades de los cazadores del paleolítico.  Uros, bisontes y caballos campaban por los espacios abiertos; los cérvidos proliferaban en las áreas boscosas y en los roquedales no faltaban las cabras montesas y los rebecos.
A modo de ejemplo cabe destacar que de un uro o de un bisonte se podía obtener una media de 400 kilogramos de carne, 180 de un equino, 120 de un jabalí, 100 de un ciervo, poco más de 12 de un corzo.
Sabemos por los estudios de los yacimientos del norte peninsular que predominaba la caza de cérvidos y cápridos y también sabemos -lo que es más importante- que en el magdaleniense cantábrico había una especialización generalizada de la caza.  Hay indicios también de la captura de otros animales grandes, como rinocerontes o mamuts (sobre todo en las áreas catalana y vasca).
Pero no hay que desestimar la caza de vertebrados de menor talla, como conejos, liebres, marmotas, castores, lirones; ni tampoco aves: águilas, cernícalos, lechuzas, cuervos, urracas, patos, gansos, alondras, mirlos, palomas, perdices y faisanes, entre otros.
Suponemos que las técnicas de caza tendrían mucho que ver con el acecho, persecución, ojeo y conducción de manadas hacia lugares con trampas, así como el aprovechamiento de despeñaderos y otros accidentes orográficos.  Todo esto indica una especialización y un trabajo en equipo: camuflajes, emboscadas y, por qué no, utilización de instrumentos sonoros para el ojeo, el reclamo, etc... amén de las redes, lanzas, lazos y demás armas.
Es a lo largo de los períodos auriñaciense y gravetiense cuando aparecen en las costas los yacimientos de concheros, en los que la abundancia de conchas de moluscos marinos parecen indicar una sensible importancia de estos productos en la dieta humana.  Sabemos que en el Magdaleniense la pesca se practicaba desde la orilla, por medio de arpones, redes y anzuelos y haciendo uso del aprovechamiento de las mareas.  En cuanto a los moluscos, está claro que se dio una recolección de diversos mariscos de roca o de arena al final del paleolítico superior, especialmente en el litoral cantábrico, si bien no hay que desestimar, ni mucho menos, los abundantes yacimientos encontrados en las costas del sur, muy especialmente en la zona de Málaga, donde se han hallado residuos de mejillón, almeja, berberechos, navajas y vieiras.

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