17 oct. 2012

ARTE PALEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA (II)

Cabe destacar que el 75% de las estaciones de arte rupestre peninsular se concentran en la franja litoral cantábrica, a menos de 25 kilómetros de distancia de la costa.  En cuanto al área mediterránea, casi todas las estaciones se concentran en el sur.
La mayor parte de las manifestaciones rupestres se dan en el interior de las cuevas, si bien no podemos descartar que sean ésas las que mejor se han conservado, habiendo desaparecido otras figuraciones más expuestas a la intemperie.
En cuanto a las cuevas, los frisos decorados están por lo general apartados de los lugares de habitación, ya sea en el interior de las cuevas, ya en habitaciones distintas.
A menudo las figuras se concentran en espacios reducidos y sus temas suelen ser unitarios, aunque también se han hallado individualizaciones panelares en zonas concretas.
Destacan las figuras de animales de carácter realista con muy escasas referencias al ser humano.  Más de la mitad corresponden a grandes bovinos y poco más del 20% a caballos.  Los cérvidos y cápridos también abundan, aunque en menor cantidad.  Ocasionalmente se han hallado pinturas representativas de mamuts, rinocerontes lanudos, alces, renos, rebecos, felinos o incluso osos pardos, así como zorros, glotones y peces.  Destaca el cachalote representado durante el magdaleniense medio en la cueva de Las Caldas.
Los animales se suelen representar de perfil y se suele hacer hincapié en la cabeza y el tronco del animal, así como en el dibujo de las astas, si corresponde.  Llama la atención que algunas representaciones aparezcan incompletas, con hocicos, patas o cuernos sin acabar, así como la disposición vertical o invertida de algunos dibujos.  No podemos obviar tampoco el aprovechamiento de las rugosidades y deformaciones de la roca parietal para darle "volumen" a las figuras y favorecer la perspectiva.
En cuanto a las escasas figuras antropomorfas, se suelen representar desnudas y con alteraciones intencionadas en cabeza y rostros, carentes de rasgos esenciales -ojos, boca, orejas- o bien exagerándolos. Abundan las siluetas de manos reales, ya sea por impresión directa de las palmas embadurnadas de tinte sobre la pared o por el soplado de la pintura sobre la mano apoyada en la roca para formar así un "negativo".
Muy abundantes son los signos (más pintados que grabados) a los que suponemos un valor mágico, simbólico o alegórico, distinguiendo formas geométricas, tectiformes, escutiformes, claviformes, serpentiformes o meandriformes.  Algunos de ellos, como en el caso de Tito Bustillo, han sido interpretados como representaciones de vulvas.
La combinación normal de los temas suele yuxtaponer figuras de bisontes y caballos y se suele complementar con el mitograma de una tercera especie dominante (ciervo o cabra, por ejemplo) y con diversos signos adicionales.
Las agrupaciones de figuras suelen ser relativamente frecuentes en el último tercio del paleolítico superior y constituyen escenas donde se intuye una intencionalidad narrativa o dramática.

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