9 oct. 2012

LA SUCESIÓN DE FRANCISCO FRANCO Y EL FUTURO DEL RÉGIMEN (V)

Tras la boda de Alfonso y María del Carmen, la familia Franco al completo se entrega a una frenética actividad para convencer al anciano dictador de que era necesario modificar la sucesión.  Se intentó desplazar a los equipos favorables a don Juan Carlos y situar en el poder a los hombres favorables a la alternativa Borbón Dampierre, los de la Secretaría General del Movimiento.
Franco ya apenas salía de El Pardo y estaba siempre rodeado de los suyos: sus ayudantes militares, sus médicos de cabecera, su familia.  Todos formando una piña, todos cuchicheando a sus oídos en contra de unos y otros.  Todos intentando influir en la marcha política del país.
Franco comenzaba a no fiarse del Príncipe Juan Carlos.  Por eso no dudó en restar protagonismo al que había de ser su sucesor y evitar que apareciera en cualquier acto público.  El Generalísimo dio órdenes a sus ministros de que el Príncipe no fuera invitado a ningún evento.
En privado llegó incluso Franco a manifestar su preocupación por su familia y por el futuro que los aguardaba.  ¿Tenían razón quienes pensaban que el príncipe Juan Carlos era un traidor a su juramento de fidelidad a los Principios Fundamentales del Movimiento?  Y si tal cosa fuera cierta, ¿qué le pasaría al Régimen? ¿En qué situación quedaría la familia Franco tras el fallecimiento del dictador?  Todas estas dudas asaltaban al Caudillo, que titubeaba ante aquellos que día tras día le decían que había sido engañado y le impulsaban a rectificar el "error" cometido al nombrar como sucesor al hijo de don Juan.  
A pesar de que había jurado los Principios del Movimiento y fidelidad al Caudillo, los franquistas veían en Juan Carlos de Borbón a un hombre con dos caras diferentes: una de acatamiento al régimen, y otra, muy distinta, que ya empezaba a vislumbrarse en sus viajes al exterior.
De hecho, al año de haber sido proclamado por las Cortes como sucesor de Franco y durante una visita a los Estados Unidos, en declaraciones a los más influyentes diarios norteamericanos (New York Times, New York Herald Tribune) el Principe afirmaba: "Soy heredero de Franco, pero también soy heredero de España", reclamando asimismo el reconocimiento de determinados partidos políticos.  De hecho, el titular del New York Times fue éste: "Juan Carlos promete un régimen democrático".  Ésa era la línea marcada por la administración norteamericana.
López Rodó, alarmado por la ingenuidad que suponía en aquellos momentos que el Príncipe pusiera las cartas sobre la mesa de forma tan pública, fue muy duro en sus apreciaciones ante don Juan Carlos.  Se dice que el 24 de marzo de 1970, el príncipe recibió de Rodó una soberana bronca en la que le espetó: "No juegue, Alteza.  No hay más gobierno que el que hay; no debe tener otro gobierno fantasma".
Don Juan Carlos aprendió bien la lección y no volvió a expresar de forma tan clara en la prensa sus deseos. Había que esperar a la muerte del dictador y mientras tanto fingir lealtad y fidelidad a las leyes del Movimiento.  El Príncipe tenía que resignarse a ser un objeto decorativo del Régimen.

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