21 oct. 2012

LA POSIBLE RELIGIÓN EN EL ARTE RUPESTRE (II)

En un trabajo publicado en 1939, Begouen daba un toque de atención sobre los animales incompletos del arte parietal, aquellos cuya cabeza, ojos, orejas o cuernos no fueron representados; según él, esta supresión sería un acto mágico destinado a privar de la vista o el oído al animal que se iba a cazar y así permitir al cazador acercarse a la pieza hasta una distancia útil.  Obviamente son teorías y el argumento está muy lejos de ser convincente, pues si bien es verdad que existen numerosos animales incompletos, no parece que sean los ojos, las orjas o los cuernos los que, en particular, hayan sido suprimidos.
La cuestión es si se integró el hombre prehistórico en este arte mágico que se le quiere presuponer o no.  Y si fue así, de qué forma lo hizo. 
Entre otras obras mobiliares magdalenienses, amén de las venus y las vulvas, encontramos siluetas someras en asociación con animales.  En un bastón perforado encontrado en Teyjat se hallan tres pequeñas figurillas compuestas por una cabeza con cuernos y largas orejas puntiagudas, un cuerpo globuloso erizado de pelo y solamente dos piernas.  El investigador Reinach establecía en una de sus obras un paralelismo entre estas figuras y las de los genios fecundadores de los aruntas australianos, los ratapas, lo que, por tanto, concordaría con la magia de la fecundidad.
El arte parietal cuenta con un gran número de figuraciones antropomorfas.  Algunos de estos personajes reúnen atributos humanos y animales, pudiendo ser estos: patas, cola, cuernos y, sobre todo, cabeza.  Respecto a ellas se dieron distintas interpretaciones, entre las que se incluye la de la inhabilidad de los artistas prehistóricos o la de la utilización de máscaras rituales.  Discusiones sobre el tema enfrentaron, a partir de 1910, al  ginebrino Waldemar Deonna y a Breuil.
¿Cuál es el significado de estos seres híbridos?  "Se trata, sin duda, de héroes míticos a la manera de Orfeo, de escenas de creación o de direcciones que se imprimen al mundo animal" (Breuil).  "Sería también un disfraz que el cazador se habría puesto con el fin de acercarse más fácilmente al rebaño y, así, elegir mejor a su presa".  En fin... hipótesis tenemos para todos los gustos y algunas de ellas no excluyen la personalidad chamánica o la representación de alguna divinidad de la caza o similar.
Pero lo cierto es que ningún cazador se puede parecer a un mamut y de ninguna manera podemos pensar que un cazador disfrazado de ave pudiera encontrarse mezclado en la aventura de un bisonte destripado, como sugieren algunos paneles descubiertos.
¿Quién era el autor de esos dibujos y qué papel representaba en la tribu?  Para Begouen el artista no era otro que el brujo o chamán de la tribu, lo que le hacía gozar de una clara preponderancia. Su argumento se basó principalmente en la figura de El Hechicero de la cueva de Les Trois-Frères: "Ese disfraz llega hasta el punto de no diferenciarse del de los hechiceros o chamanes del norte de América o Siberia.  Sabemos qu3e éstos vestían los atributos característicos de ciertos animales, en la idea de aprehender su potencia y sus cualidades diferenciadoras, como la prudencia del zorro, la fuerza del oso, la rapidez del ciervo, etc..."
Más recientemente, Jean-Jacques Hatt expuso una hipótesis análoga que se apoyaba en una comparación, no etnográfica, sino histórica, en un trabajo harto interesante por su enfoque.  Lo que viene a decir Hatt es que el cazador magdaleniense atribuía al animal, reno, bisonte o ciervo, una fuerza superior, de carácter divino, que se esforzaba en captar, conciliar o reconciliar e, incluso, en integrarla en sí mismo y en su grupo social, mediante una serie de representaciones, ritos y prácticas mágicas.  La base de su hipótesis es nada más y nada menos que las divinidades indoeuropeas integradas en las tradiciones más antiguas de los pueblos celtas y germanos: los Dióscuros, de los cuales, ya en textos de Tácito se precisaba la relación existente entre los Dióscuros germánicos y el alce.
Así, los seres disfrazados de ciervo o bisonte nos mostrarían a unos hechiceros deseosos de asimilar por este medio mágico la fuerza divina del animal, con el fin de transmitírsela a la colectividad de sus hermanos.
Antes de morir, Breuil sugirió que tal vez los antropomorgos no eran otra cosa que el "Gran Espíritu de la Caza".
No lo sabremos nunca, posiblemente.
Begouen manifestó su convencimiento de que las ceremonias rituales que se practicaron en las cuevas respondían a un ceremoniales de creación y no de muerte.  Su razonamiento es que tuvieron lugar en el nivel superior de las cavernas, cuyas galerías inferiores servían de habitación.  Tras acceder a abruptas chimeneas y cruzar angostos corredores, cuya bóveda rebajada obligaba a reptar (por ejemplo en el camarín de las Vulvas, de Tito Bustillo) únicamente los iniciados eran admitidos para asimilar los misterios de la reproducción y la fecundidad:  el brujo, por tanto, no admitirá en estos ritos más que a mujeres y a niños en la edad en que la pubertad es consagrada mediante ceremonias especiales y, unas y otros, dejan en la arcilla la menuda huella de sus pequeños pies... o manos.
Es otra teoría que refleja una visión de la "magia utilitaria" que ya refiriese por vez primera Reinach veinte años antes.  En este caso se trata de dar explicación a un cierto número de observaciones hechas en determinadas cuevas y, en particular, a misteriosas huellas de pasos de niños que presentan el talón hundido más profundamente que la planta.
Cuando estudiemos el arte esquemático levantino veremos claros ejemplos de rituales y los distinguiremos de otras escenas claramente narrativas de la vida cotidiana.  Tal vez ahí comencemos a comprender mejor el alto grado de religiosidad de nuestros lejanos ancestros.

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