11 oct. 2012

¿INTERVENCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS EN LA TRANSICIÓN?

El secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, tuvo el extraño privilegio de ser una de las últimas personas que vio con vida al presidente Carrero Blanco.  Kissinger se alojaba a escasos metros de donde tuvo lugar el atentado que acabó con la vida del almirante.
No se puede negar que una sombra de misterio se cierne sobre si Kissinger tenía o no conocimiento previo del atentado que preparaba ETA.  Lo cierto es que el 18 de diciembre, el secretario de Estado norteamericano llega de visita a la capital de España.  Las calles próximas a la embajada norteamericana, a escasos doscientos metros de donde se encontraban los terroristas "ultimando detalles" estaban tomadas por la policía. Los tejados estaban tomados por "grises" con ametralladoras, las bocas de metro lo mismo. En cada esquina había una pareja de policías, jeeps patrullando por doquier.  En la misma esquina de Diego de León con Serrano, un jeep.  Era mucha la vigilancia.  Además, era incontable la cantidad de agentes de paisano que controlaba cada esquina de Madrid, tanto de la policía española como del servicio de seguridad americano.  Cabe suponer que la zona donde tuvo lugar el magnicidio estaba vigilada desde semanas antes.
Kissinger pasará seguramente a la historia como un extraño ejemplo de oportunidad política.  El 9 de julio del año siguiente, con Arias Navarro de presidente, Kissinger pasaba cinco horas por Madrid para firmar la declaración de principios hispano-norteamericana, que había dejado ultimada en la conversación con Carrero el año antes.  Y ese mismo día, por primera vez en la larga historia de la Dictadura, el general Franco era ingresado en el hospital por una tromboflebitis en una pierna.  Era tan curiosa la coincidencia que algunos periódicos extranjeros -sobre todo italianos- hablaron de la indisposición del Caudillo como una "enfermedad diplomática".
Kissinger también fue casualmente la persona que se encontraba en Roma momentos antes de que las Brigadas Rojas secuestraran al político democristiano Aldo Moro, precisamente cuando éste se dirigía -igual que Carrero- hacia el Congreso italiano para proponer una alianza con los comunistas.  De ambos magnicidios se conoce la mano ejecutora, pero no se ha podido llegar al cerebro del crimen.
Como quiera que fuese Kissinger estuvo un día antes del atentado en Madrid -23 horas, para ser exactos-, la embajada norteamericana estaba a escasos metros del lugar donde los terroristas habían colocado la bomba, en la calle Claudio Coello, cuya excavación fue realizada a menos de cien metros de las puertas de la embajada de los Estados Unidos.
Hemos podido saber que la embajada americana detectó "cosas raras" meses antes del magnicidio y que lo puso en conocimiento de las autoridades españolas.  Si se trató de un fracaso total de los servicios de seguridad españoles o si fue un acto premeditado y con la connivencia de la mayor potencia mundial, tal vez no lo sabremos nunca, pero lo que sí que sabemos son las consecuencias del atentado.
El caso es que el secretario de Estado norteamericano llegó a Madrid el 18 de diciembre de 1973, el día en que ETA tenía previsto atentar contra el Presidente del Gobierno.  Su visita de 48 horas sirvió para aprobar las líneas generales de la declaración conjunta entre ambos países que permití a las bases militares de los Estados Unidos en España vigilar el flanco sur de Europa y garantizar su dominio en el Mediterráneo.
Durante aquella visita, Kissinger le comunicó a Laureano López Rodó el deseo de Estados Unidos de que España entrara a formar parte de la Comunidad Económica Europea y de la OTAN.  Para él, Carrero no era el interlocutor capaz de dar el paso hacia una democracia similar a la francesa o a la de Inglaterra.  Carrero sólo hablaba de masones, comunistas y sagradas cruzadas.  El almirante-presidente era la más clara muestra del final de una época cuando de lo que se trataba era de no prolongar excesivamente la agonía de las dictaduras y propiciar antes de la caída el cambio pacífico desde dentro.

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