26 sept. 2012

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y LA NEUTRALIDAD

La invasión y ocupación de Polonia en el mes de septiembre de 1939 por los ejércitos alemanes provocó la hecatombe que ha pasado a la Historia con el nombre de Segunda Guerra Mundial.
Ante el desbordamiento del imperialismo hitleriano, las reacciones no se hicieron esperar; Italia declaró su no beligerancia el mismo día de la invasión, y Francia e Inglaterra declaraban la guerra a Alemania dos días después.  
España tenía que definirse, y tomó la postura más acertada dadas las circunstancias: declaró su neutralidad.  El 4 de septiembre de 1939 Franco publicó en Burgos el siguiente decreto: "Constando oficialmente el estado de guerra que, por desgracia, existe entre Inglaterra, Francia y Polonia, de un lado, y Alemania, de otro, ordeno por el presente decreto la más estricta neutralidad a los súbditos españoles con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho Público Internacional".
La declaración de neutralidad no sorprendió, aunque sí disgustó a las potencias del Eje, las cuales creyeron ver desvirtuadas las manifestaciones más o menos grandilocuentes de identidad y colaboración.  El caudillo, con visión certera, había manifestado en repetidas ocasiones a los enviados alemanes e italianos la imposibilidad material del país para afrontar, sin un período de reconstrucción previo, una segunda guerra.  Sin embargo, la postura de Franco ante la conflagración se transformó en un enigma que sólo el paso del tiempo, con la apertura de archivos podrá aclarar.
Himmler visitó España en octubre de 1940, devolviendo la visita anteriormente hecha por el entonces director general de Seguridad (y posteriormente alcalde de Madrid), conde de Mayalde.  Quizá sirvieron estas visitas para preparar la entrevista celebrada el 24 de octubre de 1940 entre el führer y el caudillo en la estación fronteriza de Hendaya, con asistencia de sus ministros de Asuntos Exteriores, Von Ribbentrop y Serrano Súñer, en la que, al parecer, Franco hizo hincapié en las dificultades de aprovisionamiento y de toda índole para oponerse a los deseos del hasta entonces invicto dictador alemán.  Hitler había salido muy contrariado de esta conferencia, consciente de que poco podía esperarse de la colaboración española.
Con anterioridad (junio de 1940), y ante la nueva situación en el Mediterráneo al entrar Italia en la guerra, España había declarado la "no-beligerancia", situación jurídica que venía a sustituir la "neutralidad".
Las prevenciones de Franco a entrar en la guerra, motivadas por las causas que fueran, se hicieron cada vez más evidentes.  El 7 de diciembre de 1940 se produjo la entrevista Franco-Canaris, en la que este último fijó la fecha del 10 de enero de 1941 para la entrada de las tropas alemanas en España; no sólo fue rechazada la fecha de la "operación felix", que así la denominaba el alto mando alemán, sino que, por no estar en condiciones, Franco se negó a señalar fecha alguna.
Lo mismo sucedió ante el mensaje que Hitler envió a Franco, quejándose del retraso de la entrada de España en la guerra, que fue contestado con la fórmula que empezaba a ser habitual: una expresión de los mejores votos, pero sin fijar fecha alguna.  A pesar de que las relaciones con la Italia de Mussolini eran más cordiales que con Alemania, quizá debido a la prevención con que se miraba el totalitarismo alemán por su enfrentamiento con la Iglesia, de la entrevista con el jefe fascista, celebrada en Bordighera en febrero de 1941, sólo salió un comunicado muy cordial, pero sin acuerdo concreto.

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