12 ago. 2012

SITUACIÓN Y MEDIOS DE AMBOS COMBATIENTES (II)

Pero la gran fuerza de choque eran las milicias populares, armadas por las juntas que surgieron en todo el territorio republicano.  El poder de los comités y de los milicianos constituyó lo que podríamos llamar una lucha revolucionaria al estilo romántico.  Las milicias armadas civiles, encargadas de la defensa de las ciudades, se condujeron de una manera incontrolada, envalentonadas por la tolerancia del gobierno, lo que condujo a una situación anárquica, desordenada y sin coherencia, que llevó al desastre y a la derrota final.
La debilidad e indecisión de los mandos condujeron a que cualquier plan gubernativo se viera rebasado por dichos comités revolucionarios, manejados por los dos grandes partidos proletarios, la UGT y la CNT.  El lema de estos revolucionarios era el de la libertad absoluta: "Nosotros queremos ser milicianos de la libertad, no soldados bajo el uniforme. ¡Milicianos, sí; soldados, jamás!"
Para ellos la disciplina militar era un atentado contra la dignidad de la persona humana.  La única sumisión que comprendían era la voluntaria prestada al héroe; para ellos, el saludar militarmente era impropio de los "protagonistas de una gran epopeya".
Los nacionales tenían casi todas las fuerzas insulares y la totalidad del ejército marroquí; éste, a diferencia del peninsular, sedentario y sin protección, estaba formado por las fuerzas legionarias e indígenas, llamadas "Regulares", disciplinadas, resistentes y acostumbradas a los combates más duros y violentos.  Éstas constituyeron, hasta la ayuda enviada por el gobierno italiano de Mussolini, las únicas fuerzas y las más eficaces del Ejército del Sur.  Con ellas pudo Franco, después de un avance victorioso ininterrumpido, llegar hasta las puertas de Madrid.
Aparte de estas fuerzas, las nacionales no contaban con grandes medios ni en el mar ni en el aire: el acorazado España, el destructor Velasco, el cañonero Dato y el guardacostas Uad-Kert, más unos cuantos Breguet anticuados en Marruecos; posteriormente, Mussolini envió nueve trimotores Saboya 81, que aterrizaron en Nador y que sirvieron de gran ayuda en el paso de las fuerzas marroquíes a través del Estrecho.
La lucha, que comenzó siendo una cadena de pronunciamientos, característicos de esta primera etapa de la guerra, fue encauzándose poco a poco, hasta ser organizada con un concepto militar y táctico.  Las fuerzas nacionales serán encuadradas, a partir de ahora, en cuerpos de ejército, mandados por excelentes estrategas formados en la disciplina y técnica de las academias militares.

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