13 ago. 2012

PROCESO Y MUERTE DE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIBERA

El 14 de marzo de 1936 el gobierno de Azaña había ordenado la detención del líder de la Falange, José Antonio Primo de Rivera.  Ingresado en la Cárcel Modelo de Madrid el día 16 de aquel mes, se le sometió a cuatro procesos: por un delito de imprenta, por ilicitud de Falange, por injurias al director general de Seguridad (Alonso Mallol) y por tenencia ilícita de armas.  Las causas se vieron en la misma cárcel.
El 5 de junio fue trasladado a Alicante, alojándose en la Prisión Provincial; iba con su hermano Miguel, detenido el 30 de abril, quien sería el confidente íntimo y depositario de los pensamientos más profundos de Primo de Rivera en las fechas anteriores a su muerte.
Se sabe que el gobernador republicano de Alicante había estado a punto de liberarle, aunque de una manera extraoficial; pero la sustitución del mismo a principios de noviembre selló la suerte del recluso.  El posible diálogo sobre la liberación con los generales se hizo casi imposible.  El bombardeo de Madrid por los aparatos alemanes impresionó sobremanera a la opinión frente-populista, creándose el clima favorable para la ejecución del jefe de la Falange.
Basándose en la acusación de introducir ilegítimamente armas en la cárcel, se inició el 13 de noviembre el proceso ante un tribunal popular con jurado y se le aplicó el código de Justicia Militar. José Antonio asumió su propia defensa, misión que llevó con dignidad y valor.
El 18 se dictó sentencia, condenándole a muerte, y en el día 20, a las 6,40 horas de la mañana, fue fusilado en el mismo patio de la Prisión Provincial, sin esperar el gobernador de Alicante la correspondiente confirmación por parte del gobierno de Madrid.  Murió junto a cuatro condenados más: dos falangistas y dos requetés.
Llegada la noticia del fusilamiento a Largo Caballero, se afirma que montó en cólera, tanto por considerar este hecho un grave error político, como por tenerlo por una insubordinación al no haberse esperado a la confirmación gubernamental de la sentencia.
Terminaremos la anécdota aludiendo a los varios intentos por salvar la vida del jefe de la Falange, que van desde los planes de los propios falangistas para rescatarle de la prisión, como la encomendada por el gobierno de Franco a Agustín Aznar, a quien se proveyó de una gruesa suma como rescate, o como las basadas en su canje por el hijo de Largo Caballero, preso en Sevilla.

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