13 ago. 2012

PRIMER SITIO DE MADRID E INTENSIFICACIÓN DE LA AYUDA INTERNACIONAL (V)

El día 8 aparecieron en el frente las primeras Brigadas Internacionales: 3.000 italianos y alemanes antifascistas, que se mezclaron en la Casa de Campo y Ciudad Universitaria con las milicias.  Esta ayuda lo único que consiguió fue neutralizar el empuje de los nacionales.  El frente se estabilizó durante diez días, por lo que 3.000 anarco-sindicalistas catalanes dejaron el frente aragonés y, superando los viejos regionalismos, llegaron al de Madrid para cubrir un flanco desguarnecido.
En los edificios académicos, así como en la Facultad de Filosofía y Letra, se combatió piso a piso, hasta que los nacionales lograron avanzar hasta el Hospital Clínico y tomarle, estableciendo de este modo una cuña de entrada.
Durruti murió en este frente de un tiro por la espalda, disparado quizá por algún comunista enemigo, siendo llevado a Barcelona y enterrado en medio del clamor popular.
El día 17 los Regulares irrumpieron en la plaza de España, mientras que aquella noche los bombardeos y los incendios asolaron Madrid, murieron 500 personas.  El 18, Italia y Alemania reconocieron a la Junta de Burgos, lo cual llevaría implícita una ayuda más efectiva y abierta.
Sin embargo, a pesar de esta ayuda, varias fueron las causas que se opusieron a que Madrid fuera tomado: la ayuda de las milicias internacionales, que consiguieron neutralizar el empuje de unas fuerzas agotadas por la dura y larga campaña iniciada en Sevilla, y la imposibilidad de tomar Madrid sin arrasarlo.  El asalto se suspendió, aunque se mantuvieron las posiciones avanzadas y se determinó ampliar el frente, que quedó de esta forma estabilizado con vistas a otro asedio cuando la ocasión fuera favorable.  De las tres flechas lanzadas, sólo una había llegado al objetivo.
En estos finales de 1936 Italia y Alemania enviaron al gobierno nacional efectivos militares, tanto de hombres como de material, en reciprocidad a una concesión de exportación de mineral español.  En Sevilla se formó la Legión Cóndor, compuesta de 5.000 a 6.000 voluntarios pilotos alemanes, muy especializados y bajo las órdenes directas del general Franco.  Los aviones alemanes (unos cien) eran aparatos de uso civil, readaptados a las necesidades militares, por lo que su capacidad bélica era bastante baja.
Un dato curioso es el hecho de que los alemanes no eran partidarios de facilitar material bélico, ante la creencia de que los españoles no sabrían manejarlo.  La autosuficiencia de estas tropas en cuanto a disciplina dentro del ejército español hizo que muchos aviadores españoles pidieran la baja, entre ellos García Morato.
En diciembre llegaron unos 3.000 voluntarios italianos fascistas, que habían zarpado del puerto de Nápoles el día 18 desembarcando en Cádiz.  En lo que se refiere al material italiano, uno de los mejores de Europa, Mussolini envió ocho baterías de 65,17, diez carros ligeros, tres baterías anticarros, varios millares de proyectiles de cañón, diez aviones "R O 37" y doce Fiat 32.

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