6 ago. 2012

PRIMEROS PASOS DE LA SEGUNDA REPÚBLICA (I)

La Dictadura de Primo de Rivera gobernó y no transformó; la República quiso transformar, pero gobernó con no pocas dificultades.
Y es que transformar y mantener el orden público iba a resultar un problema arduo.  La capacidad de armonizar este binomio había desacreditado a muchos gobiernos liberales: 1812, 1820, 1873...
Ahora, y sobre todo en los primeros años de la República, una orientación reformista iba a abordar todos los grandes problemas: una Iglesia estatal influyente, un ejército poderoso, los latifundios, los nacionalismos catalán y vasco... Los puntos clave de la historia contemporánea del país a los que tuvo que hacer frente la experiencia republicana a partir de 1931 eran los siguientes:  una economía arcaica, sobre la cual pesaban la cuestión agraria y el papel hegemónico de la gran banca; una Iglesia potente, cuyo poder espiritual se había confundido durante siglos con el poder temporal; un ejército que, durante los primeros treinta años del siglo XX, había evolucionado hacia el militarismo; regiones de desarrollada individualidad nacional (Cataluña, Euskadi, Galicia), que aspiraban a la plena libertad para poder desarrollarse; una minoría intelectual cuyo alto nivel de preparación contrastaba con el retraso cultural de la mayoría de la población, y por fin un Estado gangrenado, tan anacrónico como los sectores sociales de los que había sido instrumento, que debía ser reconstruido de nueva planta, tanto desde el punto de vista de la eficiencia como del más importante de la creación de instituciones capaces de garantizar la continuidad de la vida democrática y esta democracia exigía naturalmente el ascenso a un nivel de vida más elevado por parte de los españoles que, con su trabajo, creaban la riqueza nacional.
Reformar suponía liquidar obstáculos institucionales.  Por lo menos así pensaba "la izquierda", esperanzada con una sociedad progresiva y democrática.

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