12 ago. 2012

OPERACIÓN DE PASO DEL ESTRECHO (II)

El transporte por aire se inició el 19 desde Tetuán. Las primeras fuerzas llegaron a Tablada en el mismo día, ayudando de esta forma a Queipo de Llano a dominar la situación en Sevilla, la cual queda definitivamente incorporada.  Hacia el 28 los aviones alemanes habían establecido un puente aéreo entre Tetuán y Sevilla, cruzando cada aparato cuatro veces al día el Estrecho y llevando en cada viaje 30 soldados completamente armados.  Hacia el 5 de agosto se habían transportado unos 15.000 efectivos, a pesar del bloqueo.
Después del envío por mar de estas escasas tropas durante los primeros días, era necesario que el grueso del ejército marroquí que aún quedaba en el norte de África pudiese alcanzar tambíén la Península; pero Madrid dio orden a los buques que patrullaban en el Cantábrico de que se dirigieran al Mediterráneo y bloqueasen el camino, al tiempo que bombardeaban las plazas sublevadas de Cádiz, Ceuta y Melilla, utilizando como base de esta operación el puerto internacional de Tánger. Pero la protesta de Franco ante las potencias administradoras de esta zona neutral hizo que la escuadra abandonase dicho puerto; mas el camino del mar quedaba vigilado y bloqueados los puertos de las plazas en donde había triunfado el Alzamiento.
El contingente más importante del ejército quedaba encerrado en Marruecos, mientras que la situación en la Península exigía una acción inmediata de apoyo a los sublevados, que se encontraban en desventaja de medios en relación con los gubernamentales.  La operación de auxilio debía llevarse a efecto con toda rapidez, puesto que de lo contrario el Alzamiento peligraba.
Todo esto decidió al general Franco a realizarla el 5 de agosto.  Lojendio, en su obra "Operaciones militares de la guerra de España 1936-1939", nos relata el suceso no sin ciertos toques épicos propios del tono de su generación y época:

"La idea era muy sencilla.  Una ruta bien conocida, la de Ceuta a Algeciras.  Varios transportes protegidos en el mar por buques de guerra fieles al Movimiento:el Dato y el Uad-Kert.  Y por el aire un despliegue estratégico de toda la aviación de que se disponía: dos hidros flanquearían a escasa altura, a babor y a estribor, la línea de marcha del convoy; unas patrullas (cuatro en total) de aparatos de distintos tipos, entre los que había Breguet y Newport, ampliarían la observación también a derecha e izquierda de la ruta a seguir, volando a unos 500 metros de altura en el perímetro limitado por Punta Leona, Punta Carnero, el Peñón de Gibraltar y el Pico de la Alamina; por fin una más alejada zona de vigilancia, desde unos 1.500 metros de altura, a base de tres trimotores Focker y tres Saboya en el cuadro que forman los cabos Espartel y Trafalgar, y el pueblo de Estepona y la desembocadura del río Martín en la playa de Tetuán... De madrugada de este día (5 de agosto) hizo acto de presencia ante Ceuta el destructor Lepanto, sin duda queriendo adentrarse al paso del convoy con un fuerte bombardeo de la ciudad.  En réplica, hubo fuego de batería de costa y persecución del buque por trimotores nacionales, que se metieron en el campo de acción de los antiaéreos del navío marxista.  Una de las granadas de la aviación castigó a uno de los cañones del Lepanto, causando algunas bajas, por lo que se alejó buscando entrada en Gibraltar, puerto en que desembarcó a sus víctimas.  El campo estaba libre.  El convoy preparado en Ceuta no había sufrido el bombardeo.  La salida se aplazó hasta la tarde.
A las cuatro y media aproximadamente se hacían a la mar los barcos nacionales.  El general Franco presenciaba la partida desde las alturas de la ermita de San Antonio del Monte Hacho.  Salieron en este orden: guardacostas Uad-Kert, cañonero Dato, transporte Arango, remolcador Benot y transportes correos Ciudad de Ceuta y Ciudad de Alicante.  Ésta era la brillante armada nacional.  El convoy se inclinó al comienzo hacia Sierra Leona, como dejándose llevar de las primeras corrientes del Estrecho; luego, entrando con decisión, enfiló directamente hacia la costa española: hacia Punta del Carnero.  Mandaba la expedición el comandante del Dato, capitán de corbeta Súnico.
Comenzó el viaje con muy leves incidencias.  La fuerte marejada de Levante entorpecía algo la marcha.  Muy pronto, el Benot, que navegaba deficientemente, se vio precisado de regresar a Ceuta.  Luego el Arango quedó algo rezagado.  Los correos, por ser de mejor andar, adelantaron al Uad-Kert.  Poco después la marcha se ordenaba en dos grupos: delante iban los correos, detrás el guardacostas y el Arango, y entre ambos grupos, como enlace, marchaba el Dato, jefe y protector de esta heroica expedición.  La navegación era normal y afortunada.  Sin más que estos incidentes se había pasado rápidamente más de la mitad del recorrido.
Estaba ya el convoy a punto de avistas las peñas de Punta Carnero cuando apareció por el horizonte por la dirección de Tarifa un destructor que resultó marxista, y era el Alcalá Galiano.  A punto ya de entrar en Algeciras, llegaba el momento crítico tan temido en todas las previsiones.  El contratorpedero, descubriendo el convoy, lo enfiló bombardeando con una descarga los correos que marchaban en vanguardia.  Se encontraba como a tres millas de la formación nacional.  Todo parecía perdido.  No cabía sino una decisión desesperada.  Fue entonces cuando el capitán de corbeta Súnico, jefe de la expedición y comandante del Dato, realizó la arriesgada maniobra que salvó la situación.  Lanzó su barco a babor, adelantándose al convoy y metiéndose en los fuegos del Alcalá Galiano para conseguir así eficacia en su tiro, supliendo la inferioridad del calibre de sus piezas.  En términos normales, esto supone el sacrificio del buque y de su tripulación.
Pero consiguió en seguida el primer efecto de su maniobra: distrajo  de su adversario los transportes que llevaban la tropa y la atrajo hacia sí en un combate en que estaba lógicamente condenado a muerte.  El Alcalá Galiano acudió a la lucha con el cañonero y , marchando ambos navíos en dirección paralela, la batalla se mantuvo durante media hora.  En la marcha del combate los dos buques habían cortado hacia el este y por su popa la ruta del convoy.  Pasando aproximadamente el tiempo indicado, acudieron de Sevilla cuatro trimotores con objeto de sumar su esfuerzo al del Dato.  A las primeras bombas, el destructor, metiendo francamente toda máquina y lanzándose en dirección a Málaga, huyó de la persecución de que era objeto.
En un alarde de superioridad moral y de heroísmo, los marinos nacionales habían roto el bloqueo del Estrecho.  De la batalla volvió el Dato a su misión de proteger los transportes, y momentos después este primer gran envío de tropas marroquíes desembarcaba en Algeciras.  Unos 3.000 hombres, seis baterías y abundante munición y material se incorporaban a las campañas de la Península.  Días después el Jaime I bombardeó duramente sin duda por espíritu de venganza y despecho, el puerto de Algeciras, causando graves daños al Dato, fondeado en aquella rada..."

A partir de este momento, la escuadra republicana abandonó el Estrecho y se dirigió al norte.  Ésta fue la primera acción de guerra llevada a cabo por los ejércitos nacionales.  La flota republicana perdió el control  de las aguas del Estrecho, en parte debido a los ataques aéreos y en parte por la ineficacia en el manejo de los buques por tripulaciones que habían dado muerte a la mayoría de sus oficiales y que no confiaban en los que quedaban, así como por la hostilidad de las autoridades políticas y los hombres de negocios de Gibraltar y Tánger.

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