10 ago. 2012

LA REVOLUCIÓN DE 1934 (IV)

El levantamiento de Asturias tomaba dimensiones de guerra civil, con enormes destrucciones y 4.000 muertos.  La represión alcanzó también gran dureza.
Belarmino Tomás negoció los términos de la rendición con el general López Ochoa, llegando a un acuerdo para que los moros y los legionarios no entraran en los pueblos, a menos que fueran tiroteados por los francotiradores.
El gobierno impuso la censura sobre todas las noticia procedentes de Asturias, región cuyo control pasó al ejército, a la Guardia Civil y a la Guardia de Asalto.
Cuando finalizó la revolución asturiana, el país estaba moralmente dividido entre los que utilizaban el tema de las atrocidades revolucionarias y entre los que divulgaban las más duras versiones sobre la represión.  Un grupo parlamentario, compuesto por Álvarez del Vayo, Fernando de los Ríos, Félix Gordón Ordás y Clara Campoamor, se desplazó a Oviedo a investigar de cerca lo ocurrido.  Les acompañaba un grupo parlamentario británico.
Al llegar las noticias a la prensa europea, también ésta se dividía al enfocar las atrocidades cometidas por las izquierdas y la represión de las derechas. El preludio de 1936 había comenzado.
La posición de Lerroux era difícil, pues quería actuar con humanidad.  Al ordenar que se moderaran las actividades policiales del comandante Doval, fue acusado por la extrema derecha de claudicar ante el marxismo masónico.  Los jurados mixtos fueron suspendidos en cientos de lugares.  La revoución, además de otros males, dejaba 30.000 presos políticos, que atestaban las cárceles esperando su proceso, y numerosos condenados a muerte, como diputados socialistas y otros miembros de comités revolucionarios.
Algunas penas se llevaron a cabo; otras, ante las miles de solicitudes extranjeras y españolas, fueron conmutadas.  En desacuerdo con las amnistías, Gil Robles y Melquíades Álvarez anunciaron que dejaban de colaborar con el gobierno.
Azaña, acusado por los sectores derechistas como uno de los responsables de las sublevaciones de Cataluña y Asturias, fue hecho prisionero.  Declarado inocente por una investigación militar, continuó encarcelado hasta que tras serias protestas, fue puesto en libertad provisional.  En esta tentativa por destruir políticamente a Azaña, las derechas crearon virtualmente el Frente Popular.  Además, la prensa monárquica cometió el error de identificar a toda la República liberal con los mineros revolucionarios.  Con esto, lo único que se consiguió fue unificar a las izquierdas y convertir a Azaña en el ídolo de las masas.

VISITA MI WEB PERSONAL

No hay comentarios: