15 ago. 2012

LA LUCHA EN TORNO A MADRID (IV)

Después de un primer avance en el que se tomaron algunas posiciones sobrevino el mal tiempo, y las columnas quedaron atascadas en la nieve, mostrando un blanco perfecto a la aviación rusa, que los ametrallaba sin piedad en vuelos rasantes, mientras que los aviones legionarios no podían despegar de los campos encharcados de Soria.
Al mismo tiempo, en el batallón italiano perteneciente a las Brigadas Internacionales, llamado "Garibaldi", los jefes políticos, como Luigi Longo y Pietro Nenni comenzaron a lanzar una campaña de propaganda subversiva contra el cuerpo expedicionario C.T.V., invitando a sus soldados a pasarse a sus hermanos de clase obrera.  La situación había cambiado por completo.  Las diversas columnas fascistas se veían detenidas y encerradas en un radio excesivamente estrecho; sus caminos de acceso estaban obstruidos. Las provisiones y las municiones para la artillería no podían llegar hasta el frente.  El fracaso evidente de la ofensiva y el tiempo verdaderamente espantoso desmoralizaban al enemigo (los nacionales); desmoralización que fue hábilmente reforzada por la propaganda republicana efectuada con proclamas y altavoces.
El desaliento cundió entre las tropas nacionales, siendo rebasadas por las fuerzas de Miaja.  La retaguardia quedó desconcertada ante las noticias fantásticas sobre el frente enemigo y sus efectivos.  En la huida se abandonaron por el camino los camiones y el material artillero, atascados en el fango.  Un hecho a señalar fue el deficiente comportamiento de la oficialidad italiana, la cual podía haber evitado la desbandada de sus soldados, quienes actuaron siempre con valentía y arrojo.
El día 26 de marzo las tropas italianas fueron reemplazadas por las españolas; pero el máximo objetivo que pudo conseguirse fue la estabilización de las posiciones logradas en el primer ataque, situadas a veinte kilómetros del punto de partida.
Sin embargo, la propaganda periodística deformó la realidad, y lo que sólo había sido una ofensiva fallida, debido en parte a factores meteorológicos adversos, se convirtió en un triunfo del marxismo a escala internacional.  En vez de una guerra entre españoles, pareció ser una lucha entre el marxismo internacional y la Italia fascista.
El prestigio de Mussolini, que se había comprometido a rendir Madrid, sufrió un duro quebranto; pero por orgullo juró no retirar ningún soldado de España mientras los nacionales no hubieran terminado la guerra, y que sus ejércitos vengarían la derrota de Guadalajara.

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