4 ago. 2012

LA HUELGA DE 1917 (II)

A la asamblea fueron invitadas diversas agrupaciones del país, entre las que nos toca destacar a Pablo Iglesias, que fue adscrito a la tercera ponencia, encargada de las reformas económico-sociales.  La política seguida por Pablo Iglesias le llevaría a ser el núcleo de enlace con la base del país.
A pesar de su preparación, que, por otra parte, no fue todo lo efectiva que habría sido de desear, la huelga tomaría por sorpresa al comité y llegaría a los centros directores, en lugar de partir de ellos.  ¿Causas?  Por un lado, la hábil labor gubernamental, que, en definitiva, sería quien manejase los hilos provocando la huelga, cuando comprendió que el Movimiento Obrero no estaba suficientemente preparado; por otro, la difícil situación del Partido Socialista, ensamblado en dos frentes contradictorios y sólo afines en apariencia.
En efecto la UGT sería arrastrada -por la presión de la base y por la necesidad de mantener sus propios acuerdos de 1916- a una huelga general, que en el fondo temía, ya que, debido a sus pactos con otros grupos políticos, el Partido Socialista pasó de querer el paso del poder al proletariado, a tomar una parcela del mismo en compañía de los grupos políticos de la burguesía (queremos señalar que no estamos enjuiciando la actitud, que, por otra parte, pudo ser la más sensata, sino exponiendo los hechos tal y como sucedieron).
La postura del PSOE ante la huelga general estaba enmarcada dentro de la ortodoxia de la segunda Internacional socialista, que en su Congreso de Ámsterdam (1904) había aprobado una resolución netamente desfavorable ante la misma.  Tras la huelga de julio de los metalúrgicos de Bilbao, se iniciaron los conflictos en Valencia al ir a la huelga los tranviarios y ferroviarios.  Pronto se transformaría en general.  Los intentos de cortarla se verían frustrados por la tozudez (en aquellos momentos incomprensible para los líderes obreros) de la Compañía del Norte, que se negó a la readmisión de un grupo de huelguistas cuando el conflicto parecía haber sido superado y se había restablecido la normalidad.  Todas las gestiones resultarían inútiles.  La compañía insistió en su negativa, obligando a los comités nacionales a apoyar la decisión del Sindicato Ferroviario del Norte de convocar la huelga para el día 13 de agosto.
Como vemos, el Partido Socialista se encontró en una situación delicada, ya que si no animaba el movimiento podía escaparse de su control. Para evitar esto, Besteriro redactaría un manifiesto convocando la huelga general.  A partir de ese momento, los sucesos escaparían al control de los organizadores.  Por un lado, las centrales ugetistas no sabían a ciencia cierta si lo que se estaba desarrollando era la huelga general revolucionaria, que, en definitiva, era la que oficialmente se estaba preparando, o la huelga pacífica que en última instancia se decidió.  Por otra parte, las fuerzas burguesas que habían instigado la celebración de la misma, ante su presencia sintieron miedo y perdieron su gran oportunidad de auparse al poder.

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