4 ago. 2012

LA HUELGA DE 1917 (I)

Si a las precarias condiciones de vida que tenía que soportar el proletariado, agravada por las alzas de los precios, sobre todo, en los artículos de primera necesidad, unimos el impacto psicológico que produjo en todos los ambientes obreros la caída del zarismo en marzo de este año y la situación creada por el bloqueo alemán, comprenderemos mejor los sucesos que van a desarrollarse.
Como un último intento de resolver pacíficamente la situación,las organizaciones obreras declararon una huelga general de un día, celebrada el 18 de diciembre de 1916, que constituyó un éxito.  Al cabo de ella, el gobierno recibió a los líderes obreros, quienes le entregaron un memorándum con sus reivindicaciones, que en la práctica seguían siendo las mismas señaladas en el congreso de la U.G.T. y que habían sido ya entregadas en el mes de junio, sin haber obtenido resultados positivos.  El año 1917 marcará, si embargo, un hito importante como ya hemos señalado anteriormente.  Fue el primer intento de las dos grandes centrales sindicales de presentar un frente único.
A raíz de los congresos de 1916, el 17 de julio de 1916 se reunieron en Zaragoza Besteiro, Largo Caballero y Barrio, por la U.G.T., y Salvador Seguí y Ángel Pestaña, por la C.N.T., firmándose por todos ellos un pacto para poner en práctica los acuerdos tomados en sus respectivos congresos de ir a la huelga general.
Paulatinamente, las metas a alcanzar durante 1917 fueron siendo ampliadas, sobre todo por el binomio PSOE y UGT.  En efecto, el Partido Socialista, al mismo tiempo que se unía a la CNT, se asociaba con los grupos republicanos y reformistas, que, conscientes de la crisis por la que atravesaba el país, se disponían a apoyarse en las masas obreras para conseguir un cambio de régimen político.
La colaboración cenetista en este movimiento sería una de las pocas ocasiones en que el movimiento anarquista cedería en su apoliticismo y se mostraría dispuesto a apoyar un movimiento que en buena medida iba en contra de su propio ideario de cambio total.  El fracaso del mismo posibilitaría que el control de la confederación pasase a elementos mucho más radicales.
La labor de preparación de la huelga general, ya claramente anunciada en el manifiesto del 27 de marzo, siguió siendo el principal objetivo del comité mixto, que a la vez tenía que luchar para no ser desbordado desde dentro por los impacientes deseos de declararla en cualquier momento.  Sin embargo, la lucha había comenzado, y se mostraría irreversible.  Nada más conocerse el pacto, el gobierno decretó la prisión de los firmantes del mismo, lo que ocasionaría las primeras protestas que harían que la autoridad diera marcha atrás y liberara a los detenidos.
La situación se hará crítica en el mes de junio.  Los medios obreros se encuentran soliviantados, y esto se traduce en una serie sin fin de huelgas.  La oposición gubernamental decide pasar a la acción para tomar el poder apoyándose en el descontento.
La caída del gobierno de García Prieto y la subida al poder de Dato es el momento escogido por la Lliga Regionalista para lanzar su campaña de autonomía. La postura de la Lliga dará lugar al agrupamiento de todas las fuerzas que se oponían a que continuara el gobierno casi personal del rey y sus ministros, mantenido gracias a su negativa de convocar Cortes.  Los parlamentarios "forzosos" decidieron reunirse en Barcelona.

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