15 ago. 2012

LA GUERRA EN EL NORTE: BILBAO, SANTANDER, GIJÓN...

Desde el principio de la guerra, la franja costera cantábrica había permanecido fiel a la República.  Pero mientras en Cantabria, y sobre todo en Asturias, dominaban los frentes populistas, con predominio de masas obreras, en Bilbao eran nacionalistas vascos.
El nacionalismo vasco no tenía ninguna vinculación con el carlismo tradicional; los primeros eran republicanos y separatistas; los segundos, monárquicos y unitarios.  Por eso los carlistas consideraban a los republicanos vascos, y sobre todo al clero, que se había puesto de parte del órgano separatista Euzkadi, como desertores a la causa.
A su vez, el frente populista de Asturias y Cantabria se diferenciaba del separatismo vasco por el hecho de que mientras los primeros integraban un proletariado comunista, los segundos eran burgueses y católicos como consecuencia de una economía floreciente, bastada en la industria del acero y en las minas de hierro, en contraposición a la precaria situación de los mineros asturianos.
Después de la caída de Irún el 7 de septiembre de 1936, la ciudad de Bilbao formó su propio gobierno al ver cerrada la frontera con Francia, pidiendo ayuda al gobierno de Madrid, que le concedió su reconocimiento por medio del Estatuto de Autonomía.
Inmediatamente se dedicaron a establecer un frente defensivo en las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya, en previsión del avance de los nacionales, organizando un ejército de unos 50.000 hombres.  Contaban con 5.000 fusiles checos, doce aviones y veinticinco carros con ametralladoras pesadas y cañones rusos.
A fin de proteger la ciudad de Bilbao, construyeron el llamado "cinturón de hierro": una serie de trincheras alrededor del perímetro de la ciudad, constituyendo dos líneas separadas entre sí por unos doscientos metros.  Proyectadas por ingenieros civiles, no servían para resistir los ataques de la población enemiga; de poca profundidad y trazadas de forma rectilínea, podían ser ametralladas en toda su extensión con facilidad.
Cuando empezó el sitio de la ciudad, pidieron ayuda a Madrid y a Inglaterra; pero la marina nacional bloqueó el puerto y tuvieron que convertir veinticuatro botes de pesca en rastreadores de minas, mientras que las embarcaciones de pesa de altura fueron armadas, dedicándolas al suministro de víveres a la ciudad sitiada.
El ejército de Franco, que tras el desastre de Guadalajara necesitaba una victoria resonante, recibió orden de abandonar por el momento sus esfuerzos del frente de Madrid y lanzarse a la campaña del norte.  En mayo, Mola concentró 40.000 hombres (navarros y marroquíes de vanguardia e italianos en reserva). SE trataba de reanudar una ofensiva que ya había comenzado en el mes de marzo.
El 16 de abril, la aviación alemana de la Legión Cóndor bombardeó y ametralló Guernica, ciudad de gran significación en la tradición medieval y el símbolo de las libertades vascas.
Como la interposición de la zona nacional impedía la ayuda directa de Madrid, el gobierno optó por enviar cazas rusos a través de la frontera francesa: estos aviones salían de la zona catalana, entraban en Francia y desde allí volaban hacia Bilbao.  Sin embargo, la mayoría de ellos se perdieron.
A primeros de junio fue bombardeado el "cinturón de hierro" y el día 12 quedaba roto, huyendo de la ciudad, a través de la ría, unas 200.000 personas.  Los nacionales -que ocuparon la ciudad el 19- procuraron poner rápidamente en funcionamiento la industria del hierro y su exportación.
Hay que destacar que durante el asedio comités formados por extranjeros e intelectuales católicos franceses se preocuparon por la suerte de la población y de los refugiados, en especial de los niños, cientos de los cuales fueron evacuados y llevados a otros países, confiados al cuidado de familias voluntarias.
Perdidos Bilbao, Santander y Asturias se aprestaron a la defensa.  Pero mientras que los vencidos en Bilbao huían hacia Francia, muchos soldados de la zona asturiana se pasaban al bando nacionalista.
En la liberación de Santander desempeñaron un papel importante los voluntarios italianos.  Las fuerzas nacionales estaban compuestas por Brigadas de Navarra, mandadas por el general Solchaga; por la Primera Brigada de Castilla, a las órdenes del general Ferrer; por unidades de la agrupación del coronel Moliner y por la columna del teniente coronel Sagardía. Las tropas italianas estaban compuestas por el Cuerpo de Ejército de Tropas Voluntarias, mandado por el genera Bástico.  Apoyados por una gran artillería, estas tropas se enfrentaron a una masa miliciana sin organización ni técnica de combate.
El 26 de agosto entraban las tropas italianas en Santander, y en septiembre y octubre se iniciaban las campañas de Gijón y Avilés, que cayeron el 21 de octubre.  Los milicianos, en su huida hacia las montañas (lo mismo que habían hecho en Irún) incendiaron sus casas y propiedades.

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