4 ago. 2012

LA GENERACIÓN DE 1927: EL ALIENTO TRADICIONAL Y EL NO CONFORMISMO (III)

La veta meridional vuelve con Vicente Aleixandre.  Tan importante conjunto de poetas ha dado lugar a lo que se ha denominado nueva Edad de Oro de la lírica española.  Todos ellos son algo deudores de Juan Ramón Jiménez, quien, evolucionando del modernismo de Rubén Darío, pasó a una expresión más sobria.  Sus obras muestran la transformación de un depurado, sencillo y lírico poeta, al que se concedió el Premio Nobel de Literatura en 1956.
La novela posterior al 98 emprende un realismo con nuevos matices, con tendencia a un estilizado antirrealismo.  Ahí están Ricardo León y Concha Espina (Altar Mayor y La esfinge maragata).  Ramón Pérez de Ayala se muestra universal (Belarmino y Apolonio).  El paisaje nativo cobra emotividad en la obra del levantino Gabriel Miró (Figuras de la pasión del Señor, Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso).
La cuestión cambia con los jóvenes prosistas de los años 30, cuyas creaciones literarias ahondan en la crítica de la sociedad contemporánea.  Tal es el caso del "primer" Ramón J. Sender en sus obras Imán, Siete domingos rojos, Los cinco libros de Ariadna, Viaje a la aldea del crimen, La noche de las cien cabezas...
Literatura comprometida se aprecia en José Díaz Fernández (El bacalao), Joaquín Aderíus (Montesinos, Carmen), César M. Arconada (Los pobres contra los ricos, Vivimos una noche oscura), Manuel Benavides (Un hombre de treinta años), Carranque de los Ríos (Uno).  Tampoco puede ni debe olvidarse el máximo exponente actual de la novela histórica, Max Aub.
También el teatro, aunque con vuelos mucho menos altos que la lírica y la pintura, cumple su misión de reflejar la sociedad española o alguno de sus problemas.  Destaquemos la figura de otro Premio Nobel, don Jacinto Benavente (1866-1954), cuya obra sigue la pura objetividad costumbrista por el mundo levemente idealizado, literario, relacionado con el modernismo (Los intereses creados, sobre la alta sociedad madrileña, y La Malquerida, sobre la vida aldeana).  El sainete de ambiente popular produjo en el siglo XX el costumbrismo andaluz de los hermanos Álvarez Quintero y el madrileño Arniches.  El teatro social comenzaba con las obras de Joaquín Dicenta (Juan José) y Ángel Guimerá (Terra Baixa).

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