4 ago. 2012

LA GENERACIÓN DE 1927: EL ALIENTO TRADICIONAL Y EL NO CONFORMISMO (II)

Rafael Alberti nació en 1902 en Puerto de Santa María (Cádiz).  Era hijo de pequeños propietarios, víctimas de los Osborne y de los Domecq, que, como él decía, se habían alzado con el reino de Baco.  A los 22 años, con Marinero en tierra, obtenía el Premio Nacional de Literatura.  Le seguirán: La amante, El alba del alhelí, Cal y canto, Sobre los ángeles, Consignas...
Alberti será otro artista que tomará postura ante las situaciones sociales y las criticará apuntando a valores nuevos.  Toma contacto con la realidad social y no se contenta con contemplarla, sino que participa y reacciona frente a lo que estima injusto, para luego pasarlo todo a su conciencia y reelaborarlo estética y emotivamente.  Alberti, en el que la poesía y la acción van unidas, gritará: "¡Con los zapatos puestos tengo que morir!"

Miguel Hernández es un lírico intenso. De familia humilde, nació en Orihuela en 1910.  Tiene que abandonar la escuela para guardar las cabras familiares.  Pero el ímpetu de su musa se deja ver pronto  en Perito en lunas.  Traba amistad con Aleixandre, Bergamín, Lorca, Neruda...  A su concepción poética se suma una briosa concepción de lo humano en ·El rayo que no cesa y en otras poesías donde canta:

Arrogante y aldeano,
me honra extremadamente
decir que mi pan lo gano
con el sudor de mi frente.

El poeta, hasta el final, en que muere de tuberculosis en la prisión de Alicante el 28 de marzo de 1942, nos estremecerá siendo siempre protagonista real de la tragedia que canta.  La tragedia colectiva es su tragedia:

¿Quién salvará este chiquillo,
menor que un grano de arena?
¿De dónde saldrá el martillo,
verdugo de esta condena?
Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

La plenitud de este intenso lírico, que se siente hombre del pueblo y hombre del trabajo, quedó truncada, no permitiéndole sino asomarse, como a Lorca, a la acción dramática.

Como esto no es una historia de la literatura, tenemos que resignarnos a citar a estos poetas (críticos o poetas), profesores de gran envergadura, como los madrileños Pedro Salinas y Dámaso Alonso, el vallisoletano Jorge Guillén, el santanderino Gerardo Diego, Luis Cernuda, Altolaguirre, Prados...

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